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LA PALABRA DIARIA
Día V de la Octava de NATIVIDAD
“Tomar en sus brazos al Mesías” (Mt 2, 13-18)
Color: BLANCO
Miércoles, 29 de diciembre de 2021
Primera Lectura: 2, 3-11
Lectura de la primera carta del apóstol San Juan
Queridos: En esto sabemos que conocemos a Jesús: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: “Yo le conozco”, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda la palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él. Quien dice que permanece en él debe vivir como vivió él.
Queridos, no les escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que tienen desde el principio. Este mandamiento antiguo es la palabra que han escuchado. Y, sin embargo, les escribo un mandamiento nuevo – lo cual es verdadero en él y en ustedes –, pues las tinieblas pasan,
y la luz verdadera brilla ya.
Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano está en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 95, 1-2a.2b-3.5b-6
R/ “Alégrese el cielo y goce la tierra”
Canten al Señor un cántico nuevo, canten al Señor, toda la tierra; canten al Señor, bendigan su nombre. R.
Proclamen día tras día su victoria. Cuenten a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. R.
El Señor ha hecho el cielo; honor y majestad lo preceden, fuerza y esplendor están en su templo. R.
Evangelio: Lc 2, 22-35
Lectura del santo evangelio según San Lucas
Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: “Todo primogénito varón será consagrado al Señor”, y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: “un par de tórtolas o dos pichones”.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
“Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel”.Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María su madre: “Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma”.
Palabra del Señor
“Tomar en sus brazos al Mesías” (Mt 2, 13-18)
Simeón, el anciano que esperaba el cumplimiento de las promesas, tiene la dicha de ver y tomar en sus brazos al Mesías. Ver es entrar en las profundidades divinas, es conocer cuál es la voluntad de Dios para con el ser humano. El ciego Bartimeo, le pidió a Jesús: “¡Señor, que vea!”. Simeón esperaba con plena confianza y vio al Salvador. Más aun, lo tuvo en sus brazos.
Nosotros tenemos la dicha, no sólo tenerlo en nuestros brazos por un momento, sino de tenerlo como nuestra comida, como nuestro alimento. Necesario para alcanzar la vida eterna. Somos más dichosos que Simeón, él solo vio y tomó en brazos, pero no lo ingirió. Esto nos debe alentar, motivar para hacer el mayor esfuerzo posible en poder participar del banquete eucarístico.
(Guía Mensual)
“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén” ✍

