“Necesitamos comer el pan del compartir y del trabajo” (Jn 6, 1-15)

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LA PALABRA DEL DOMINGO

XVII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B

Color: VERDE

25 de julio de 2021 (Día de los padres)

Primera Lectura: 2 Re 4,42-44
Lectura del segundo libro de los Reyes

En aquellos días, vino un hombre de Baal-Salisá trayendo en la alforja el pan de las primicias, veinte panes de cebada y grano reciente para el profeta del Señor. Eliseo dijo: «Dáselos a la gente, que coman.» El criado replicó: «¿Qué hago yo con esto para cien personas?» Eliseo insistió: «Dáselos a la gente, que coman. Porque esto dice el Señor: Comerán y sobrará.» Entonces el criado se los sirvió, comieron y sobró, como había dicho el Señor.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 144,10-11.15-16.17-18
R/. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. R/.
Los ojos de todos te están aguardando, tú les das la comida a su tiempo; abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente. R/.
El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente. R/.

Segunda Lectura: Ef 4,1-6
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios

Hermanos: Yo, el prisionero por el Señor, les ruego que anden como pide la vocación a la que han sido convocados. Sean siempre humildes y amables, sean comprensivos, sobrellévense mutuamente con amor; esfuércense en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la meta de la esperanza en la vocación a la que han sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.

Palabra de Dios

Evangelio: Jn 6, 1-15
Lectura del santo evangelio según san Juan

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos.
Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: «¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?» (Lo decía para tentarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer). Felipe contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.» Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero ¿qué es eso para tantos?» Jesús dijo: «Díganle a la gente que se siente en el suelo.» Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recojan los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.» Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: «Éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.» Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

Palabra del Señor


“Necesitamos comer el pan del compartir y del trabajo” (Jn 6, 1-15)

El caminar del cristianismo siempre ha tenido como norte el multiplicar y unir. El texto del Evangelio de Juan, que estaremos leyendo durante los próximos domingos, nos confronta hoy ante el drama del hambre de una multitud. La multiplicación de los panes para las comunidades de Marcos, Mateo, Lucas y Juan parece haber significado una experiencia de suma importancia ya que aparece en los textos seis veces. Hoy, el enfoque teológico de la multiplicación, cargado de simbolismo, nos la presenta Juan.
La primera lectura de hoy y la de Juan mantienen una relación cercana. En ambas nos encontramos con el drama del hambre, la pobreza, el pan y el mandato de “darle de comer” a la gente. Además, todos comen y sobra lo que se había multiplicado. A diferencia de la narración del libro de los Reyes, en el Evangelio es el mismo Jesús quien reparte el pan. Los símbolos del Evangelio de Juan hacen referencia al pan de la Eucaristía. En la comunidad son muchos los que trabajan por “multiplicar” el pan para saciar las necesidades de los más empobrecidos y hambrientos.
Se estima que “casi 690 millones de personas pasaban hambre en 2019 (un aumento de 10 millones de personas desde 2018 y de casi 60 millones en cinco años)” según las cifras de la Organización Mundial de la Salud. Por lo tanto, urge multiplicar el “pan” en todas nuestras comunidades. La gente necesita alimentarse con el pan físico y con el pan de una espiritualidad capaz de movilizarnos hacia un encuentro fraterno. Necesitamos comer el pan del compartir y del trabajo, tener mejores centros educativos, hospitales abastecidos, una justicia transparente, familias fortalecidas y servidores públicos que trabajen por el bien común. Hoy las acciones de Jesús resuenan con la misma intensidad con la que fueron una vez pronunciadas: tomó los panes, dio las gracias y los repartió con los pescados. Sobró lo multiplicado por la donación del Hijo de Dios y de la gente
Estamos convocados a “abrir nuestras manos” para acoger, a “recoger para seguir repartiendo” y a bendecir y agradecer. Dividamos lo que tenemos para que lo poco que cada uno entregue se multiplique y convierta en lo mucho para todos. ¡Manos a la obra!

“Que el Dios de la Vida te colme con su alegría y con su paz y te conceda la salud” ✍