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HASTA EL MUERTO SE CANSA.
Por Bolívar Lorenzo.
Es correcto que ante un fallecido se realicen actos religiosos en consonancia con ese triste momento.
Muchas veces a pedimento en vida del fallecido o por iniciativa de los familiares y amigos
Para mí eso es bueno y produce más acercamiento y solidaridad para con los deudos.
Quiero aclarar de entrada esto para no dar pasos a mala interpretaciones respecto a lo que voy a manifestar.
Es de mal gusto decir que tal o cuál fulano a tal día de definió por una denominación religiosa cuando los propios familiares y amigos saben que no.
Basta que aparezca una suegra evangélica para que un pastor automáticamente trate al difundo como tal dándole la ganancia del paraíso cuando días atrás ese propio pastor lo mandaba al fuego eterno.
O por otra parte por el hecho de una cuñada ser miembro de la Orden Altagracia a su sacerdote diga que el difunto se ganó la gloria porque a última hora se enchufo con la Santa Madre Iglesia Católica, oportunidad que aprovecha el sacerdote para dar una misa con toda la de la ley con Ostias incluidas .
Todo esto o en el cementerio bajo los ardientes rayos del sol o un torrencial aguacero empapando a los asistentes y al propio difunto no así al sacerdote que usa paraguas para que la biblia no se moje y de resbalón el mismo.
La duración de ese acto depende de la cantidad de los asistentes y no del finado que al fin y al cabo perdió la noción de todo.
Si hay poco asistentes con Dios, Padre, Hijo y espíritus santo y descanse en paz basta.
Ahora bien si hay cientos de asistentes quien oficie el acto litúrgico se frota las manos, tira un brinquito y el diccionario La Rousse le queda corto y solo dice Y AMÉN cuando el muerte comienza a mal oler o alguien le dice YA, PADRE.

