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Exclusividad para Sabaneta Primero.
Por lo expresado a continuación, resulta paradójico que no se recomiende con primacía dentro de las imperiosas medidas para prevenir el contagio del Covid-19 o Coronavirus, desinfectar las manos cada vez que se reciba de manera tangible o físicamente dinero, ya sea en su contextura de papel moneda o en moneda de metal.
Ayer, al salir a tempranas horas de la mañana, al frente de mi domicilio fui espectador de una escena salpicada de espeluznante patetismo ardiente e irónica ironía. Observé masturbándose en la calle a plena luz del día a un mendigo enfermo mental que bajo la total indiferencia de nuestros “mal denominados representantes” y autoridades competentes, transita desnudo todos los días por las calles céntricas de nuestra hermosa ciudad de San Juan de la Maguana.
Seguí caminando en aras de cristalizar una diligencia urgente en la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) y en el trayecto me detuve por un momento a comprar un jugo de zapote en una reconocida bien reputada cafetería ubicada a la aproximada distancia de algunas dos cuadras de donde había partido.
A pocos minutos de estar en el ut supra establecimiento comercial, de manera repentina apareció frente a mí el mendigo a que aludo en el párrafo anterior, me extendió su mano derecha sin pronunciar palabra alguna solicitándome en forma mímica alguna moneda. Sin pensarlo dos veces extraje de mi cartera y obsequié al desafortunado mendigo una mísera papeleta de cien pesos dominicanos (RD$100.00), quien compró un pastel en el negocio y pagó con la misma papeleta que le había obsequiado.
Elucubré por un instante sobre las heterogéneas vicisitudes de la vida y las descabelladas parcas muecas del destino. Pensé entonces en el contraste que gravita sobre la fuerza liberatoria del dinero y el estiércol nauseabundo que sobre el mismo se aparca, pues con la misma moneda o papeleta con que compró el mendigo y entregó al cajero de la empresa, también vende y cobra el empresario industrial al mayorista, el mayorista al minorista, recibe y entrega el minorista al consumidor final, devuelve y es acariciada por las numerosas manos que como cambio o devuelta de algo consumido o adquirido recibe cada ser humano que interviene en las diversas etapas del proceso de comercialización a través de las numerosas transacciones u operaciones en que interviene el dinero.
Con ese mismo dinero preñado de bacterias y estiércol compran los sempiternos políticos orcopolitas el voto y la conciencia de los ciudadanos hambrientos en épocas de elecciones y mancillan la dignidad de muchas de nuestras valiosas mujeres.
Ese bacteriano dinero que apreciamos tanto y pasa por los dedos del que se masturba, limpia su semen y heces fecales con los dedos sin lavarse las manos, es el mismo dinero que estrujan y acarician nuestras manos, los bolsillos, las carteras, los maletines y las bóvedas de los bancos. Es el mismo dinero que manosean los leprosos, los que sufren de tuberculosis, los que tienen SIDA y otras ETS, hepatitis crónica y otras enfermedades contagiosas. Es el mismo dinero con que comercializan los narcotraficantes y los lavadores de activos, las prostitutas humildes y las que se fabrican labios, narices, pechos, nalgas, regazo, vulva y efigie de escalpelo.
Es por ese mismo dinero con fuerza liberatoria que se cometen crímenes horripilantes, se libran guerras sangrientas entre naciones hermanas, la abyecta democracia sin pueblo se torna prostituta y la utópica equidad social es una vil ramera con retinta alma de estiércol y putrefacto corazón de cloaca, nuestra destartalada sociedad se torna corrupta, injusta y análogamente perversa y pervertida.
En síntesis; no obstante las parcas bacterias que se refugian en lo tangible del dinero, resulta insoslayable EL CONTRASTE DE SU VALUACIÓN CON LO ABSTRACTO DEL ESTIÉRCOL QUE RESIDE SOBRE LA ESENCIA TANGIBLE DE SU HISTORICA EXISTENCIA (las mayúsculas son mías).
Parece que tuvo razón el autor de la vetusta socorrida sentencia: ¨El dinero no es la vida, pero se parece mucho a ella".
Prof. Juan C. Benzán
San Juan de la Maguana.

