Al que sigue buen camino, le haré ver la salvación de Dios

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LA PALABRA CADA DOMINGO

X Domingo. Tiempo Ordinario. Ciclo A

Domingo, 7 de junio del 2026

Color: VERDE

Primera Lectura: Os 6, 3b-6
Lectura del Profeta Oseas

Esforcémonos por conocer al Señor: su amanecer es como la aurora y su sentencia surge como la luz. Bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia tardía que empapa la tierra. «¿Qué haré de ti, Efraín? ¿Qué haré de ti, Judá? Su misericordia es como nube mañanera, como rocío de madrugada que se evapora.
Por eso los herí por medio de profetas, los condené con las palabras de mi boca. Porque quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos”.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 49, 1 y 8.12-13.14-15
R/. Al que sigue buen camino, le haré ver la salvación de Dios

El Dios de los dioses, el Señor habla: convoca la tierra de Oriente a Occidente. No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí. R/.
Si tuviera hambre no te lo diría, pues el orbe y cuanto lo llena es mío. ¿Comeré yo carne de toros, beberé sangre de cabritos? R/.
Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza, cumple tus votos al Altísimo e invócame el día del peligro, yo te libraré y tú me darás gloria. R/.

Segunda Lectura: Rom 4, 18-25
Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos

Hermanos : Abrahán, apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia”. No vaciló en la fe, aun dándose cuenta de que su cuerpo estaba medio muerto—tenía
unos cien años—y estéril el seno de Sara.
Ante la promesa no fue incrédulo, sino que se hizo fuerte en la fe por la gloria dada a Dios al persuadirse de que Dios es capaz de hacer lo que promete, por lo cual le fue computado como justicia. Y no sólo por él está escrito: «le fue computado», sino también por nosotros a quienes se computará si creemos en el que resucitó de entre los muertos, nuestro Señor Jesús, que fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación.

Palabra de Dios

Evangelio: San Mt 9, 9-13
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme”. Él se levantó y lo siguió.
Y estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos.
Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que su maestro come con publicanos y pecadores?» Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Anden, aprendan lo que significa «misericordia quiero y no sacrificios»: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

Palabra del Señor


“Nada le es ajeno al Dios de la vida”

Jesús –el Cristo– siempre comprende nuestra humanidad, conoce nuestras imperfecciones y debilidades. Sabe que nadie “está libre de pecado” y, por ende, nadie puede “tirar la primera piedra”.
Existen certezas innegables en la vida: todos sufrimos, todos nos enfermamos y, desde luego, todos vamos a morir. El Dios encarnado sabe que tendemos a sucumbir ante las tentaciones, que fallamos y que la voluntad de su padre es quebrantada diariamente. Las enfermedades, por ejemplo, nos debilitan, pero también nos sirven para experimentar la vida de otras maneras. Nada le es ajeno al Dios de la vida; ni la muerte que le espera a todo ser viviente, el mal que perpetuamos, el corazón que se endurece y la mente que se turba. La voluntad del Padre es imperturbable.
Hoy el llamado no es solamente al cobrador de impuestos, sino, a ti y a mí que somos imperfectos. Es un llamado a los que necesitamos ser sanados. Un llamado a la confianza y seguridad de un seguimiento transformador. No se trata de una selección de seres humanos sin faltas, sino de uno hacia los heridos y los necesitados de misericordia y conversión.
¿Entiendo y asumo que Jesucristo conoce perfectamente mis enfermedades, mis pecados, hasta los más pequeños?, ¿Comprendo que Jesucristo es misericordioso porque sabe perfectamente que somos humanos creados a imagen y semejanza a Él, pero también sabe que somos débiles ante quien nos perturba y nos hace cometer faltas?
Viendo esta misericordia de Jesús, ¿quién soy yo para juzgar mis pecados, mis enfermedades, los pecados y las enfermedades de los demás? Así pues ¿debo seguir ese ejemplo de misericordia de Jesucristo ante mis hermanos y prójimo? Aún con mis enfermedades y pecados ¿debo abrir mi corazón y escuchar que me dice: «Sígueme»? ¿Levantarme y seguirlo? ¿Cuál es tu reflexión personal?


“El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que mora en nosotros, ¡Aleluya!” ✍