Somos su pueblo y ovejas de su rebaño
LA PALABRA CADA DÍA
XXIV Semana. Tiempo Ordinario
“La Palabra hoy nos invita a contemplar el misterio de la compasión y de la comunión”
Martes, 15 de septiembre de 2026
Color: BLANCO
Primera lectura: 1Cor 12,12-14.27-31a
Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios
Hermanos: Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.
El cuerpo tiene muchos miembros, no uno solo. Pues bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro. Y Dios los ha distribuido en la Iglesia: en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros, después vienen los milagros, luego el don de curar, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas, el don de interpretarlas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿O todos son profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos milagros? ¿Tienen todos don para curar? ¿Hablan todos en lenguas o todos las interpretan? Ambicionen los carismas mejores.
Palabra de Dios
O bien Hb 5,7-9, salmo 30,2-3a.3bc-4.5-6.15-16.20, Jn 19,25-27 o Lc 2,33-35
Salmo Responsorial: 99,2.3.4.5
R/. Somos su pueblo y ovejas de su rebaño
Aclama al Señor, tierra entera, sirvan al Señor con alegría, entren en su presencia con vítores. R/.
Sepan que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño. R/.
Entren por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos, dándole gracias y bendiciendo su nombre. R/.
«El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades.» R/.
Evangelio: Lc 7,11-17
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.
Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: «No llores.» Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!». El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo».
La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.
Palabra del Señor
“La Palabra hoy nos invita a contemplar el misterio de la compasión y de la comunión”
San Pablo nos recuerda, en su primera carta a los Corintios, que, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo. Cada miembro tiene su lugar y su misión, y todos nos necesitamos mutuamente. Por eso proclamamos con el salmista: «Somos su pueblo y ovejas de su rebaño». No caminamos solos; pertenecemos al Señor y formamos parte de una misma familia.
En el Evangelio, Jesús se encuentra con una viuda que va a enterrar a su único hijo. Ante su dolor, el Señor no permanece indiferente. Su corazón se conmueve y le dice: «No llores». Luego, le devuelve la vida al joven y la esperanza a su madre. Cristo se revela así como el Dios cercano que escucha el clamor de sus hijos y transforma el sufrimiento en vida nueva.
En la memoria de Nuestra Señora de los Dolores, contemplamos a María al pie de la cruz. Ella conoció el dolor de una madre que ve sufrir a su Hijo, pero también experimentó la alegría de la Resurrección. María nos enseña a permanecer junto a Jesús en las horas oscuras, confiando en que la última palabra siempre la tendrá la vida. Pidamos hoy al Señor que nos conceda un corazón compasivo como el suyo, capaz de acercarse al dolor ajeno, y que, por la intercesión de la Virgen de los Dolores, vivamos unidos como un solo cuerpo, sabiendo que somos verdaderamente su pueblo y las ovejas de su rebaño.
Señor Jesús, que te conmueves ante nuestras lágrimas y nos llamas a la comunión, fortalece nuestra fe. Que María, Madre de los Dolores, nos acompañe en las pruebas y nos conduzca siempre hacia la esperanza de la vida nueva. Amén.
(Guía Litúrgica)
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍
