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Sacarán aguas con gozo de las fuentes de la Salvación

admin 6 min de lectura 57
Sacarán aguas con gozo de las fuentes de la Salvación

LA PALABRA CADA DÍA

XXIX Semana. Tiempo Ordinario

“Dichosos los que velan”

Miércoles, 21 de octubre de 2026

Color: VERDE

Primera lectura: Efe 3,2-12
Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Efesios

Hermanos: Han oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor de ustedes. Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, del que les he escrito arriba brevemente. Léanlo y verán cómo comprendo yo el misterio de Cristo, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa de Jesucristo, por el Evangelio, del cual yo soy ministro por la gracia que Dios me dio con su fuerza y su poder.
A mí, el más insignificante de todos los santos, se me ha dado esta gracia: anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo, aclarar a todos la realización del misterio, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo. Así, mediante la Iglesia, los Principados y Potestades en los cielos conocen ahora la multiforme sabiduría de Dios, según el designio eterno, realizado en Cristo Jesús, Señor nuestro, por quien tenemos libre y confiado acceso a Dios, por la fe en él.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: Interleccional Isaías 12,2-3.4bcd.5-6

R/. Sacarán aguas con gozo de las fuentes de la Salvación

Él es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Y sacarán aguas con gozo de las fuentes de la salvación. R/.
Den gracias al Señor, invoquen su nombre, cuenten a los pueblos sus hazañas, proclamen que su nombre es excelso. R/.
Tañan para el Señor, que hizo proezas, anúncienlas a toda la tierra; griten jubilosos, habitantes de Sión: “Qué grande es en medio de ti el santo de Israel.” R/.

Evangelio: Lc 12,39-48
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Comprendan que, si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo ustedes, estén preparados, porque a la hora que menos piensen viene el Hijo del hombre».
Pedro preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?» El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo al llegar encuentre portándose así. Les aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: “Mi amo tarda en llegar”, y empieza a pegarle a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y la hora que menos los espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles.
El criado que sabe lo que su amo quiere, y no está dispuesto a ponerlo por obra, recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá».

Palabra del Señor


“Dichosos los que velan”

En el Evangelio de hoy, Cristo llama a sus discípulos a la vigilancia, como criados que esperan el regreso de su señor. Es un tema recurrente en las Escrituras, especialmente a medida que se aproxima el final de la vida terrena de Jesús. En esta ocasión, el llamado a permanecer vigilantes va acompañado de promesas de bendición y felicidad: «Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela». Aunque sabemos que un destino muy distinto aguarda a quienes no estén preparados, hoy somos convocados, sobre todo, a contemplar con alegría los bienes que el Señor tiene reservados para quienes permanecen fieles y vigilantes.
Cristo describe estos bienes de manera sencilla, pero misteriosa para nosotros: «El señor se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo». Resulta interesante comparar esta sorprendente promesa con la forma en que solemos actuar. El mismo Jesús pregunta: «¿Quién de ustedes tiene un siervo arando o pastoreando ovejas, y cuando regresa del campo le dice: "Ven enseguida y siéntate a comer"? ¿No le dirá más bien: "Prepárame algo para cenar, vístete adecuadamente y sírveme hasta que haya comido y bebido; después comerás y beberás tú"? ¿Acaso le da las gracias al siervo porque hizo lo que se le ordenó?» (Lc 17, 7-9).
La promesa de Cristo revela algo extraordinario: el Señor mismo se pone al servicio de quienes permanecen fieles. Aquel que nos pide estar preparados no nos llama a esperar de forma pasiva, sino a vivir cada día con el corazón dispuesto a servir.
En este Mes Misionero, no olvidemos que no somos enviados como individuos aislados. Con las lámparas encendidas con la luz de Cristo y los lomos ceñidos, listos para ponernos en camino, somos enviados como miembros de un solo Cuerpo, unidos en Cristo y llamados a llevar su presencia al mundo. Cuanto más profundamente vivamos esa comunión con Cristo y entre nosotros, más creíble será nuestro testimonio misionero. La vigilancia cristiana se convierte así en disponibilidad: estar atentos a Dios, atentos a nuestros hermanos y dispuestos a salir al encuentro de quienes necesitan escuchar y experimentar el amor de Cristo.

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍