“Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará” (Mt 16, 25)

Loading

LA PALABRA CADA DÍA

XVIII Semana Tiempo Ordinario

“Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará” (Mt 16, 25)

Color: VERDE o BLANCO

Viernes, 5 de agosto del 2022

Memoria Libre: La Dedicación de la Basílica de Santa María

Primera lectura: Nah 1, 15;2,2;3,1-3.6-7
Lectura del Profeta Nahúm

Miren sobre los montes los pies del heraldo que pregona la paz, festejan tu fiesta, Judá; cumple tus votos, porque el criminal no volverá a pasar por ti, pues ha sido aniquilado.
Porque el Señor restaura la gloria de Jacob y la gloria de Israel; lo habían desolado los salteadores, habían destruido sus sarmientos.
Ay de la ciudad sangrienta, toda ella mentirosa, llena de crueldades, insaciable de despojos. Escuchen: látigos, estrépito de ruedas, caballos al galope, carros rebotando, jinetes al asalto, llamear de espadas, relampagueo de lanzas, muchos heridos, masas de cadáveres, cadáveres sin fin, se tropieza en cadáveres.
Arrojaré basura sobre ti, haré de ti un espectáculo vergonzoso. Quien te vea se apartará de ti, diciendo: «Desolada está Nínive, ¿quién lo sentirá?; ¿dónde encontrar quien te consuele?»

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: Dt 32,35cd-36ab39abcd.41
R/. Yo doy la muerte y la vida

El día de su perdición se acerca y su suerte se apresura, porque el Señor defenderá a su pueblo y tendrá compasión de sus siervos. R/.
Pero ahora miren yo soy yo, y no hay otro fuera de mí; yo doy la muerte y la vida, yo desgarro y yo curo. R/.
Cuando afile el relámpago de mi espada y tome en mi mano la justicia, haré venganza del enemigo y daré su paga al adversario. R/.

Evangelio: Mt 16, 24-28
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto llegar al Hijo del hombre con majestad».

Palabra del Señor


“Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará” (Mt 16, 25)

En el Evangelio de hoy, Jesús nos enseña que para seguirlo hay que negarse a uno mismo y cargar con su propia cruz. Negarse a uno mismo tiene dos direcciones:
Una vertical, es decir, muchas veces tenemos que decir no a lo que nosotros queremos, a lo que nosotros nos gusta, a lo que nos conviene por las cosas del Reino de Dios; por obediencia a Dios, por los compromisos que hemos adquirido en el servicio a Dios, etc.
¿Cuántas veces hemos renunciado a nuestras cosas por las cosas de Dios? O tal vez lo que suele pasar es que más bien ¿renunciamos a las cosas de Dios por nuestras aficiones, nuestro tiempo libre o cosas que no tienen mucha importancia? ¿Cuál es la prioridad en nuestra vida? Recordemos que Jesús decía: “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará” (Mt 16, 25). ¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida? ¿O qué se puede dar a cambio de la vida? (Mt 16, 25)
Una segunda dirección de lo que implica negarse a uno mismo es horizontal. Es decir, para con las demás personas.
La palabra amor en el idioma griego, “agapao”, tiene un sentido de morir a uno mismo por los demás. Y es precisamente el ejemplo de Jesús al entregarse por nosotros en la cruz.
Muchas veces en la Iglesia, en el ministerio, y entre cristianos tenemos conflictos cuando también nos aferramos a cosas que son para nuestro bienestar, a gustos personales, o a criterios diferentes. Pero muchas veces las cosas son más llevaderas cuando ponemos en práctica el negarnos a nosotros mismos por el bienestar de los demás.
Animémonos hermanos y caminemos con Jesús en el conflicto y en la dificultad de ser discípulos de aquel que Él cargó primero por nosotros. No se refiere a renunciar a nuestras convicciones cuando estas tienen que ver con principios éticos o morales. Pero siempre hay una manera de expresar nuestras diferencias buscando no ofender, lastimar o herir a los demás, pensando en los demás antes que en uno mismo.
Hay una segunda cosa que Jesús exige de sus discípulos: “tomar la cruz de cada día”. Recordemos las palabras de Jesús a sus discípulos: —“Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme”.

(Guía Mensual)

“Que el Dios de la vida y dador de vida te cubra con su alegría y con su paz”✍