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LA PALABRA CADA DÍA
XXXIV Semana. Tiempo Ordinario
Martes, 22 de noviembre del 2022
“Miren que nadie los engañe”
Memoria Obligatoria: Santa Cecilia, Virgen y Mártir
Color: ROJO
Primera lectura: Ap 14, 14-19
Lectura del Libro del Apocalipsis
Yo, Juan, miré, y apareció una nube blanca; estaba sentado encima uno con aspecto hombre llevando en la cabeza una corona de oro y en la mano una hoz afilada. Del templo salió otro ángel y gritó fuerte al que estaba sentado en la nube: Arrima tu hoz y siega; ha llegado la hora de la siega, pues la mies de la tierra está más que madura.
Y el que estaba sentado encima de la nube acercó su hoz a la tierra y la segó. Otro ángel salió del templo celeste llevando él también una hoz afilada. Del altar salió otro, el ángel que tiene poder sobre el fuego, y le gritó fuerte al de la hoz afilada: Arrima tu hoz afilada y vendimia los racimos de la viña de la tierra, porque las uvas están en sazón.
El ángel acercó su hoz a la tierra y vendimió la viña de la tierra y echó las uvas en el gran lagar de la ira de Dios. Pisotearon el lagar fuera de la ciudad, y del lagar corrió tanta sangre, que subió
hasta los bocados de los caballos en un radio de sesenta leguas.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 95, 10.11-12.13
R/. Llega el Señor a regir la tierra
Digan a los pueblos: «El Señor es rey: él afianzó el orbe, y no se moverá; él gobierna a los pueblos rectamente». R/.
Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque. R/.
Delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra: regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad. R/.
Evangelio: Lc 21, 5-11
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo: «Esto que contemplan, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».
Él dijo: «Cuidado con que nadie los engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “El momento está cerca”; no vayan tras ellos. Cuando oigan noticias de guerras y de revoluciones, no tengan pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».
Entonces les decía: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo».
Palabra del Señor
“Miren que nadie los engañe”
Este texto de san Lucas hace referencia a la belleza arquitectónica del templo, que era una construcción sobresaliente. Los discípulos de Jesús quedan maravillados y elogiaban las hermosas piedras con las que había sido construido y la belleza de su ornamentación. Jesús viendo su embelesamiento les advierte: ¡Cuidado no se dejen engañar!
Quiere prevenirlos ante lo efímero que es sólo el enfoque de lo externo, de la belleza, sea cual sea. Hace énfasis en la fragilidad de las cosas solo cuando nos enfocamos en la apariencia. Les anuncia que el templo será destruido: «Esto que contemplan, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
Quizás eso esté ocurriendo en nuestras vidas. Vivimos llenos de apariencias para demostrar quienes somos. A lo mejor es un buen trabajo que nos provee más de lo que necesitamos y entonces nos dejamos llevar por el consumismo, o una bella casa -decorada como un museo- donde nos sentemos a admirar las bellezas de las “piedras” que la conforman. O a lo mejor nuestro “templo” es un próspero negocio de donde salen los recursos para darnos una “buena vida” basada en viajes continuos.
Jesús también a nosotros hoy nos advierte… ¡Cuidado, no se dejen engañar! Nos prevé para que nuestro enfoque no esté en lo externo, que es inoportuno. Crisis económicas, quiebras, enfermedades familiares pueden destruir el “templo” que nos hayamos creado. Por eso, hoy más que nunca necesitamos reconocer que ante la caducidad de las cosas de este mundo no debemos aferrarnos a las cosas materiales y honores mundanos, y que por el contrario nos aferremos a Jesús, a ese templo que nunca será destruido y el que nos asegura la salvación junto a nuestra familia. A Él gloria por los siglos… ¡Amén!
(Guía Mensual)
“Que el Dios de la vida y dador de vida te cubra con su alegría y con su paz”✍

