Más allá de las mochilas transparentes: ¿cómo se combate la violencia escolar?
Santo Domingo.- El regreso a las aulas llega este año acompañado de una preocupación que no es nueva: la violencia dentro de los centros educativos.
El debate tomó fuerza en febrero, luego de que se viralizara el caso de un profesor del liceo Juan Pablo Duarte, en el Distrito Nacional, que fue agredido por estudiantes dentro del centro educativo.
A raíz de ese caso, la Asociación Dominicana de Profesores reveló, en ese momento, una cifra que dimensionó el problema: 1,724 docentes fueron agredidos por estudiantes y familiares durante el último año.
El gremio advirtió entonces sobre el deterioro de la convivencia en los centros educativos y reclamó acciones para proteger a los maestros y fortalecer su autoridad dentro de las aulas.
Seis meses después, con el inicio del año escolar 2026-2027, la seguridad vuelve a estar en el centro de la discusión.
En Barahona, el Instituto Tecnológico Federico Henríquez y Carvajal comenzó a utilizar mochilas transparentes como medida de seguridad.
La iniciativa busca evitar el ingreso de armas blancas, vapeadores, dispositivos de descarga eléctrica, bebidas alcohólicas y otros objetos considerados peligrosos.

Pero la pregunta es: ¿basta con controlar lo que entra a las escuelas para enfrentar la violencia?
Para el psicólogo clínico y terapeuta familiar Luis Norberto Vergés, la respuesta debe ser mucho más amplia.
“Si hay algo que garantiza aprendizaje, es una escuela segura”, sostuvo durante una entrevista en Acento.
El especialista explica que cuando un estudiante se siente amenazado, su capacidad para aprender también se ve afectada.
“Ya el niño no está en modo motivación, ya no está en modo seguridad, ya no está en modo confianza, ya está en modo amenaza”, explicó.
Vergés considera fundamental que los centros educativos tengan protocolos claros para prevenir y responder ante situaciones de violencia y acoso.
“Lo primero que la escuela debe tener es un protocolo”, afirmó.
Estos mecanismos, explica, deben establecer cómo actuar ante una agresión, cómo proteger a las víctimas y cuál debe ser el papel de los docentes, las autoridades, las familias y los propios estudiantes.
El psicólogo también cuestiona que muchas veces se actúe cuando el problema ya ha escalado.

“Uno de los problemas que tenemos es que solemos ser reactivos ante los casos graves”, sostuvo.
Así, mientras algunas escuelas recurren a medidas como las mochilas transparentes para reforzar la seguridad, los especialistas plantean que el desafío es mucho mayor: prevenir la violencia, fortalecer la convivencia y recuperar la escuela como un espacio seguro tanto para los estudiantes como para los maestros.
Porque la seguridad escolar no termina en lo que un estudiante lleva dentro de su mochila.
También implica que el maestro sea respetado, que los casos de acoso sean atendidos a tiempo y que ningún estudiante tenga que entrar al aula sintiéndose amenazado.
Katherine Espino
