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La Palabra del Sábado: “Reconocer a Dios donde la costumbre nos ciega”

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La Palabra del Sábado: “Reconocer a Dios donde la costumbre nos ciega”

LA PALABRA CADA DÍA

XVII Semana. Tiempo Ordinario

“Reconocer a Dios donde la costumbre nos ciega”

Sábado, 1 de agosto de 2026

Color: BLANCO

Primera lectura: Jr 26,11-16.24
Lectura del Profeta Jeremías

En aquellos días, los sacerdotes y los profetas dijeron a los príncipes y al pueblo: «Este hombre es reo de muerte, porque ha profetizado contra esta ciudad, como lo han oído con sus oídos.»
Jeremías respondió a los príncipes y al pueblo: «El Señor me envió a profetizar contra este templo y esta ciudad las palabras que han oído. Pero, ahora, enmienden su conducta y sus acciones, escuchen la voz del Señor, su Dios; y el Señor se arrepentirá de la amenaza que pronunció contra ustedes. Yo, por mi parte, estoy en sus manos: hagan de mí lo que mejor les parezca. Pero, sépanlo bien: si ustedes me matan, echan sangre inocente sobre ustedes, sobre esta ciudad y sus habitantes. Porque ciertamente me ha enviado el Señor a ustedes, a predicar a sus oídos estas palabras».
Los príncipes del pueblo dijeron a los sacerdotes y profetas: «Este hombre no es reo de muerte, porque nos ha hablado en nombre del Señor, nuestro Dios.» Entonces Ajicán, hijo de Safán, se hizo cargo de Jeremías, para que no lo entregaran al pueblo para matarlo.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 68,15-16.30-31.33-34

R/. Escúchame, Señor, el día de tu favor

Arráncame del cieno, que no me hunda; líbrame de los que me aborrecen, y de las aguas sin fondo. R/.
Que no me arrastre la corriente, que no me trague el torbellino, que no se cierre la poza sobre mí. R/.
Yo soy un pobre malherido; Dios mío, tu salvación me levante. Alabaré el nombre de Dios con cantos, proclamaré su grandeza con acción de gracias. R/.
Mírenlo, los humildes, y alégrense, busquen al Señor, y revivirá su corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos. R/.

Evangelio: Mt 14,1-12
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo oyó el virrey Herodes lo que se contaba sobre Jesús, y dijo a sus ayudantes: «Ese es Juan Bautista que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los poderes actúan en él».
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe, porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta.
El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos, y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: «Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista».
El rey lo sintió; pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre.
Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron y fueron a contárselo a Jesús.

Palabra del Señor


“San Alfonso: Un Corazón para los Pobres y la Verdad”
Hoy la Iglesia celebra la memoria de San Alfonso María de Ligorio, fundador de los Misioneros Redentoristas y patrón de los moralistas y confesores. San Alfonso nos legó el ordenamiento de la moral cristiana en un manual amplio y práctico, cuyo magisterio permanece vigente hasta hoy en la Iglesia.
Alfonso fue un hombre de personalidad extraordinaria: noble y abogado; pintor y músico; poeta y escritor; obispo y amigo de los pobres; fundador y superior general de su congregación; misionero popular y confesor lleno de unción; santo y Doctor de la Iglesia.
La primera lectura nos habla de la persecución que sufrió el profeta Jeremías por su coherencia al anunciar la palabra del Señor. Sin miedo, llamó a los líderes religiosos a la conversión, a volver a Dios y a enmendar su conducta y testimonio.
En el Salmo hemos cantado: «Busquen al Señor, y revivirá su corazón». Debemos buscar constantemente al Señor, sin cansarnos ni desanimarnos en el camino. Al igual que a San Alfonso, se nos invita a esperar esa redención que «es copiosa» y que nos librará de todos nuestros pecados.
El Evangelio narra el martirio de Juan el Bautista, quien, al igual que el profeta de la primera lectura, sufre por su coherencia y rectitud. Juan se atreve a denunciar el mal y las incoherencias de Herodes y de su mujer Herodías, lo cual le costará la vida, convirtiéndolo en mártir de la verdad, que es Cristo.
¡San Alfonso, gracias por tu vida, por tu sueño y por tu horizonte de tan amplias miras! En nombre de los pobres y abandonados, ¡gracias de todo corazón! ¡Ruega por nosotros!

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍