Nacionales

La Palabra del Domingo: Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben

admin 6 min de lectura 59
La Palabra del Domingo: Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben

LA PALABARA CADA DOMINGO

XX Domingo. Tiempo Ordinario. Ciclo A

«Restaurar la Patria desde la Fe: El Ejemplo de la Cananea»

Domingo, 16 de agosto del 2026

Color: VERDE

Primera Lectura: Isaías 56,1.6-7
Lectura del Libro de Isaías
Así dice el Señor: «Guarden el derecho, practiquen la justicia, que mi salvación está para llegar, y se va a revelar mi victoria. A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza, los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos”.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial 66, 2-3.5.6 y 8
R/. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben

El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación. R/.
Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra. R/.
Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe. R/.

Segunda Lectura: Romanos 11,13-15.29-32
Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos

Les digo a ustedes, los gentiles: Mientras sea su apóstol, haré honor a mi ministerio, por ver si despierto emulación en los de mi raza y salvo a alguno de ellos. Si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su reintegración sino un volver de la muerte a la vida? Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables. Ustedes, en otro tiempo, eran rebeldes a Dios; pero ahora, al rebelarse ellos, han obtenido misericordia.
Así también ellos, que ahora son rebeldes, con ocasión de la misericordia obtenida por ustedes, alcanzarán misericordia. Pues Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericordia de todos.

Palabra de Dios

Evangelio: Mt 15, 21-28.
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo”. Él no le respondió nada.
Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando”. Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel”.
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme”.
Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos”.
Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos”.
Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas”. En aquel momento quedó curada su hija.

Palabra del Señor


«Restaurar la Patria desde la Fe: El Ejemplo de la Cananea»
¡Felicidades en este Día de la Restauración! Aunque celebramos el Mes de la Patria entre enero y febrero, hoy también es un día grandioso para nuestro pueblo. La palabra «restauración» nos invita a renovar nuestros valores patrios de la mano de María, nuestra Madre.
Escuchemos lo que nos dice el profeta Isaías:
«Guarden el derecho, practiquen la justicia, que mi salvación está por llegar y se va a revelar mi victoria…»
Cristo nos ha salvado y nos ha revelado la victoria del Señor.
En el Evangelio, impresiona de manera particular el episodio de la mujer cananea que no cesaba de pedir la ayuda de Jesús para su hija, «atormentada cruelmente por un demonio». Cuando se postró delante de él para implorar su auxilio, Jesús le respondió: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Esta era una referencia a la división étnica entre israelitas y cananeos que Jesús, como Hijo de David, abordó con una intención pedagógica: provocar y poner a prueba su fe.
Fue entonces cuando la mujer realizó un acto insólito de fe y humildad al responder: «Cierto, Señor; pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos». Ante una respuesta tan humilde, elegante y confiada, Jesús replicó: «¡Mujer, qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas» (cf. Mt 15, 21-28).
Al respecto, Benedicto XVI nos recordó:
«También nosotros estamos llamados a crecer en la fe, a abrirnos y acoger con libertad el don de Dios, a tener confianza y clamar a Jesús: “¡Danos la fe, ayúdanos a encontrar el camino!”. Es el camino que Jesús pidió recorrer a sus discípulos, a la cananea y a las personas de todos los tiempos y pueblos; a cada uno de nosotros.
La fe nos abre a conocer y acoger la identidad real de Jesús, su novedad y unicidad, así como su Palabra como fuente de vida para cultivar una relación personal con él. El conocimiento de la fe crece con el deseo de encontrar el camino y es, en definitiva, un don de Dios que no se nos revela como algo abstracto, sin rostro y sin nombre. La fe responde, más bien, a una Persona que quiere entrar en una relación de amor profundo con nosotros y comprometer toda nuestra vida.
Por eso, cada día nuestro corazón debe experimentar la conversión; cada día debe vernos pasar del ser humano encerrado en sí mismo al ser humano abierto a la acción de Dios: un ser espiritual (cf. 1 Co 2, 13-14) que se deja interpelar por la Palabra del Señor y abre su vida a su amor».
Nosotros, conscientes de nuestra necesidad de Dios y de sanación física o espiritual, clamemos a Jesús con fe. Él nos guiará siempre con la paciencia de su amor.

(Guía Mensual)

“El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que mora en nosotros” ✍