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La misericordia del Señor llena la tierra

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La misericordia del Señor llena la tierra

LA PALABRA CADA DÍA

XXI Semana. Tiempo Ordinario

“San Agustín y el valor de la verdadera sabiduría”

Viernes, 28 de agosto de 2026

Color: BLANCO

Primera lectura: 1Cor 1,17-25
Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo
a los Corintios

Hermanos: No me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo. El mensaje de la cruz es necedad para los que están en vías de perdición; pero para los que están en vías de salvación, para nosotros, es fuerza de Dios. Dice la Escritura: «Destruiré la sabiduría de los sabios, frustraré la sagacidad de los sagaces.» ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el sofista de nuestros tiempos? ¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo?
Y como en la sabiduría de Dios, el mundo no lo conoció por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la predicación, para salvar a los creyentes.
Porque los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los griegos; pero para los llamados a Cristo, judíos o griegos, un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 32,1-2.4-5.10ab y 11

R/. La misericordia del Señor llena la tierra

Aclamen, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Den gracias al Señor con la cítara, toquen en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.
La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R/.
El Señor deshace los planes de las naciones, frustra los proyectos de los pueblos, pero el plan del Señor subsiste por siempre, los proyectos de su corazón, de edad en edad. R/.

Evangelio: Mt 25,1-13
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas.
Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salgan a recibirlo!” Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: “Dennos un poco de su aceite, que se nos apagan las lámparas”. Pero las sensatas contestaron: “Por si acaso no hay bastante para ustedes y nosotras, mejor es que vayan a la tienda y lo compren”.
Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”. Pero él respondió: “Se lo aseguro: no las conozco”.
Por tanto, velen, porque no saben el día ni la hora».

Palabra del Señor


“San Agustín y el valor de la verdadera sabiduría”
Hoy celebramos la memoria de san Agustín, obispo de Hipona y Doctor de la Iglesia. Agustín, hijo de santa Mónica —a quien recordábamos ayer—, es una luz extraordinaria en el horizonte eclesial; su conversión y su ministerio cambiaron el rumbo de la Iglesia latina.
Nacido como Aurelio Agustín el 13 de noviembre del 354 en Tagaste (actual Souk Ahras, Argelia), es considerado uno de los grandes Padres de la Iglesia y un referente fundamental del pensamiento cristiano. Su madre lo educó en la fe, mientras que su padre, Patricio, se centró en su formación académica.
Tras ser atraído inicialmente por el maniqueísmo y la filosofía neoplatónica, se convirtió al cristianismo en el año 386. Más tarde fue ordenado obispo de Hipona, sede desde la cual combatió las herejías de su tiempo y promovió la sana doctrina. Murió en esa misma ciudad el 28 de agosto del 430, a los 75 años. Fue proclamado Doctor de la Iglesia el 20 de septiembre de 1295 por el papa Bonifacio VIII, y sus restos descansan en la basílica de San Pietro in Ciel d’Oro, en Pavía (Italia). Entre sus obras más destacadas figuran Confesiones y La ciudad de Dios, textos clave sobre la relación entre la fe, la razón y la sociedad.
La primera lectura de hoy nos habla de la verdadera sabiduría: aquella que procede de Dios y que se revela en Cristo crucificado, fuerza y sabiduría divina. Por su parte, el salmista nos invita a alabar la misericordia del Señor que llena la tierra, mientras que el Evangelio nos relata la parábola de las diez vírgenes que esperan al esposo.
En este pasaje evangélico, la luz es el elemento central: las lámparas encendidas simbolizan permanecer en gracia y mantener una vida de oración constante con Jesús. Cuando la llama empieza a debilitarse, es preciso reavivarla. ¿Cuál es, entonces, el aceite del cristiano? ¿Qué nos permite mantener encendida la luz de Cristo? Sencillamente, la oración.
Podemos realizar múltiples tareas o grandes obras por la Iglesia —fundar universidades, colegios u hospitales— y ser generosos bienhechores; pero sin oración, nada de ello reflejará la luz verdadera. ¡Cuántas iniciativas terminan en la oscuridad por falta de una oración sincera y hecha de corazón!
Que la gracia de la conversión que transformó a san Agustín siga iluminando nuestro caminar, para que con nuestro ejemplo guiemos a quienes se cruzan cada día en nuestro camino.

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍