“La ceguera espiritual impide que algunos reconozcan la verdad”

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LA PALABRA CADA DÍA

V Semana de Cuaresma

“La ceguera espiritual impide que algunos reconozcan la verdad”

Viernes, 22 de marzo del 2024

Color: MORADO. I Semana del Salterio

Primera Lectura: Jr 26, 10-13
Lectura del Profeta Jeremías

Oía el cuchicheo de la gente: «Pavor-en-torno, delátenlo, vamos a delatarlo.» Mis amigos acechaban mi traspiés: «A ver si se deja seducir y lo violaremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él.»
Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso, con sonrojo eterno que no se olvidará. Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, pues a ti te encomendé mi causa. Canten al Señor, alaben al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 17,2-3a.3bc-4.5-6.7
R/. En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó

Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza, Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R/.
Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos. R/.
Me cercaban olas mortales, torrentes destructores, me envolvían las redes del abismo, me alcanzaban los lazos de la muerte. R/.
En el peligro invoqué al Señor, grité a mi Dios: Desde su templo él escuchó mi voz y mi grito llegó a sus oídos. R/.

Evangelio: Jn 10, 31-42
Lectura del Santo Evangelio según San Juan

En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús. Él les replicó: «Les he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedrean?» Los judíos le contestaron: «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios».
Jesús les replicó: «¿No está escrito en su ley: “Yo les digo: son dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, (y no puede fallar la Escritura), a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿dicen ustedes que blasfema porque dice que es hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean; pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras, para que comprendan y sepan que el Padre está en mí y yo en el Padre».
Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad». Y muchos creyeron en él allí.

Palabra del Señor


“La ceguera espiritual impide que algunos reconozcan la verdad”
En este episodio del Evangelio, vemos cómo algunos judíos toman piedras para apedrear a Jesús después (de) que Él afirmara: "Yo y el Padre somos uno". La declaración de Jesús no es simplemente una afirmación de unidad en propósito o misión, sino una afirmación de unidad esencial en la divinidad. Jesús nos revela su identidad única como el Hijo de Dios, consubstancial con el Padre. Este mensaje desafía las expectativas y creencias de aquellos que lo escuchan, generando una reacción de incredulidad y hostilidad.
En su respuesta, Jesús apela a las obras que realiza en nombre del Padre como evidencia de su unidad con Él. Les insta a mirar más allá de las palabras y contemplar las obras milagrosas que testifican su origen divino. Sin embargo, la ceguera espiritual impide que algunos reconozcan la verdad. Jesús, en su misericordia, ofrece una oportunidad para la conversión al recordarles las Escrituras y la imposibilidad (de) que la Palabra de Dios falle.
En nuestra vida cristiana, nos enfrentamos a desafíos similares. El mundo a menudo cuestiona la divinidad de Jesús, y nosotros, como discípulos, estamos llamados a testificar con valentía sobre su identidad única como Hijo de Dios. Al igual que Jesús invitó a aquellos incrédulos a mirar sus obras, nosotros también debemos mostrar con nuestras acciones y testimonio la realidad de la presencia divina en nuestras vidas.
La lectura culmina con Jesús retirándose de la multitud y escapando de su intento de apedreamiento, mostrando que su hora aún no ha llegado. Esto nos recuerda que Jesús, en su soberanía divina, sigue un plan perfecto y se somete al tiempo del Padre.
En este tiempo de Cuaresma, se nos llama a reflexionar sobre nuestra respuesta a Jesús. ¿Estamos dispuestos a aceptar su identidad divina y a seguirlo con fe y obediencia? ¿O nos aferramos a nuestras propias ideas preconcebidas y resistimos la verdad que nos ofrece? Que la gracia del Espíritu Santo ilumine nuestros corazones para reconocer a Jesucristo como el único Salvador y Señor de nuestras vidas, y que podamos ser testigos valientes de su verdad en el mundo.

(Guía Litúrgica)

“Demos gracias al Señor, nuestro Dios. Es justo y necesario”✍