II Domingo de Pascua (Divina Misericordia)

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LA PALABRA DIARIA

PAZ A USTEDES (Jn 20, 19-31)

Color: BLANCO

11 de ABRIL de 2021

Primera Lectura: Hec 4, 32,35
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 4,32-35
En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y Dios los miraba a todos con mucho agrado. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 117,2-4.16ab-18.22-24
R/. Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia
Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia. Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia. R/.
La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa. No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. Me castigó, me castigó el Señor, pero no me entregó a la muerte. R/.
La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo. R/.

Segunda Lectura: 1 Jn 5,1-6

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 5,1-6
Queridos hermanos: Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Dios que da el ser, ama también al que ha nacido de él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.
Pues en esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo.
Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Éste es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo. No sólo con agua, sino con agua y con sangre; y el Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.

Palabra de Dios

Evangelio: Jn 20, 19-31

Lectura del santo evangelio según san Juan 20,19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.
Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a ustedes.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
Jesús repitió: «Paz a ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo.»
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos.»
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.
Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos.
Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a ustedes.»
Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»
Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»
Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.» Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.

Palabra del Señor


PAZ A USTEDES (Jn 20, 19-31)

Por P. Wilkin Castillo, San Juan de la Maguana

Nos encontramos en la celebración del segundo domingo de pascua, conocido como el domingo de la Misericordia, es un tiempo especial dentro de nuestra Iglesia, pues, estamos dentro de la cincuentena pascual, tiempo caracterizado por la luz, el gozo y la alegría cristiana.
Se nos dirá en el Evangelio: “Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.” Por los elementos que nos aporta el Evangelio nos damos cuenta con facilidad que hasta ese momento los amigos de Jesús no habían entendido el significado de la resurrección, primero era el anochecer, segundo tenían las puertas cerradas por miedo. Es real que donde hay oscuridad, puertas cerradas y miedo no hay vida, no hay esperanza, mucho menos apertura a lo nuevo que trajo Jesús con la resurrección.
“Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a ustedes. Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.”
Fue más que necesario que Jesús entrara en aquella casa y entrar también en la vida y en el corazón de cada discípulo para desde dentro hacerle experimentar el gozo y la alegría que el miedo y el pánico le habían robado en todo ese proceso de acusación, persecución, confusión y muerte de cruz por parte del Maestro.
“Jesús repitió: Paz a ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos.”
Jesús le ofrece el mejor regalo, le ofreció la paz, un bálsamo perfecto para contrarrestar esa situación de desequilibrio emocional que estaban padeciendo sus amigos, fue como agua fresca en tiempo de verano, fue devolverle la tranquilidad y el sosiego en ese momento de crisis.
“Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: Hemos visto al Señor. Pero él les contestó: Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.”
A Tomás no le bastó el testimonio y la firmeza en la palabra de sus amigos, para creer lo que ellos con tanto entusiasmo le comunicaron, tenía este hombre que ver en las manos de Jesús la señal de los clavos, meter su dedo en el agujero de los clavos y meter su mano en su costado para creer, tremenda pretensión por parte de Tomás. Adquiere fuerza aquí la famosa frase, ver para creer.
“A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a ustedes.”
Al parecer las puertas cerradas por segunda vez, simboliza la actitud de Tomás, pues éste tenía miedo y no estaba aún convencido de lo que le comunicaron sus amigos que ellos habían visto al Resucitado.
“La Paz les dejo, mi paz les doy Luego dijo a Tomás: Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Contestó Tomás: ¡Señor mío y Dios mío!”
Jesús le dijo: “¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto. Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.”

“Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu”✍