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Hoy rindo homenaje a esos seres humanos
que han hecho del magisterio un sacerdocio,
a los eternos maestros que tanto amamos, y que nos legaron los frutos de su ejercicio.

A los que sembraron los surcos del camino,
de intenso amor, de fe, esperanza y devoción,
y cultivaron frutos en la huerta del destino,
con el inmensurable amor de su abnegación.
A todos los maestros del ayer y de ahora,
que abrigan la deontología por convicción,
quienes enseñan el vocablo que atesora,
en las reconditeces del alma y el corazón.
Felicidad perpetua a los entes del magisterio,
a los mesías del sagrado pan de la enseñanza,
sin su existencia la tierra sería un cautiverio,
gravitando sobre la utopía de la esperanza.
¡Felices sean todos los consagrados profesores
de los diversos contornos de la faz de la tierra!
¡Felicidad eterna a los sembradores de amores!
Forjadores de la paz y enemigos de la guerra…
A todos los maestros del ayer y de ahora,
que abrigan la deontología por convicción,
quienes enseñan el vocablo que atesora,
en las reconditeces del alma y el corazón.
Prof. Juan C. Benzán
Hato del Padre, San Juan.

