Guíame, Señor, por el camino eterno

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LA PALABRA CADA DÍA

XXXII Semana. Tiempo Ordinario

“Si tu hermano peca contra ti, corrígele”

Lunes, 10 de noviembre del 2025

Color: BLANCO

Primera lectura: Sab 1,1-7
Comienzo del Libro de la Sabiduría

Amen la justicia, los que rigen la tierra, piensen correctamente del Señor y búsquenlo con corazón entero. Lo encuentran los que no exigen pruebas, y se revela a los que no desconfían. Los razonamientos retorcidos alejan de Dios, y su poder, sometido a prueba, pone en evidencia a los necios. La sabiduría no entra en alma de mala ley ni habita en cuerpo deudor del pecado. El espíritu educador y Santo rehúye la estratagema, levanta el campo ante los razonamientos sin sentido y se rinde ante el asalto de la injusticia. La sabiduría es un espíritu amigo de los hombres que no deja impune al deslenguado; Dios penetra sus entrañas, vigila puntualmente su corazón y escucha lo que dice su lengua. Porque el espíritu del Señor llena la tierra y, como da consistencia al universo, no ignora ningún sonido.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 138,1-3a.3b-6.7-8.9-10

R/. Guíame, Señor, por el camino eterno

Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso. R/.
Todas mis sendas te son familiares. No ha llegado la palabra a mi lengua, y ya, Señor, te la sabes toda. Me estrechas detrás y delante, me cubres con tu palma. Tanto saber me sobrepasa, es sublime, y no lo abarco. R/.
¿Adónde iré lejos de tu aliento, adónde escaparé de tu mirada? Si escalo el cielo, allí estás tú; si me acuesto en el abismo, allí te encuentro. R/.
Si vuelo hasta el margen de la aurora, si emigro hasta el confín del mar, allí me alcanzará tu izquierda, me agarrará tu derecha. R/.

Evangelio: Lc 17,1-6
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tengan cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: “Lo siento”, lo perdonarás» Los apóstoles le pidieron al Señor: «Auméntanos la fe». El Señor contestó: «Si tuvieran fe como un granito de mostaza, dirían a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”. Y les obedecería».

Palabra del Señor


“Si tu hermano peca contra ti, corrígele”

En la lectura de hoy seguimos viendo a Jesús como maestro. Ya desde el capítulo 14 del mismo Evangelio según San Lucas, Jesús está enseñando a sus seguidores sobre cómo deben vivir la fe en forma verdadera y práctica.
Hoy, toca tres temas que siguen siendo actuales: el escándalo, el perdón y la fe.
Primero, nos habla del escándalo. Dice: los escándalos vendrán (nuestra naturaleza pecadora nos traiciona), pero advierte con fuerza: “¡Ay de aquél por quien vienen!”. Cuando un cristiano se ve en medio de un escándalo hace que otros se alejen de la fe. Cuántas veces con pena escuchamos personas decir “¿tú ves?, por eso es por lo que ni creo, ni voy a la iglesia”. Y también: “bueno si fulano lo hace, yo también puedo hacerlo…”
Jesús pone un ejemplo fuerte: sería mejor morir antes que ser ocasión de caída para uno de estos pequeños. ¿Quiénes son los “pequeños”? son aquellos más frágiles en la fe (incluyendo a los niños y jóvenes). Hoy podríamos pensar son aquellos que apenas se acercan a la Iglesia, los que tienen dudas o los que necesitan ver un testimonio claro. El mensaje es fácil de entender: debemos cuidar a los demás con nuestro ejemplo (nuestra vida, nuestras palabras y nuestras actitudes), porque la fe se vive en comunidad, en la parroquia, en la Iglesia.
Segundo, luego pasa al perdón. “Si tu hermano peca contra ti, corrígele; y si se arrepiente, perdónale”. Jesús no dice que dejemos pasar el pecado, al contrario: nos invita a corregir con amor. Esto no es fácil, pero si la persona reconoce su falta, entonces hay que perdonar, no una sola vez, sino siempre. Eso es lo que significa “Siete veces al día”.
Los discípulos de Jesús debemos estar siempre dispuestos a perdonar. Así reflejamos la misericordia inagotable de Dios. ¿Cómo nos sentiríamos si el Señor nos perdonara solo una vez? Por eso, si su perdón es constante, el nuestro debe parecerse al suyo.
Tercero, por último, los apóstoles hacen una súplica que también podría ser la nuestra: “Auméntanos la fe”. Y Jesús responde con una comparación sorprendente: basta una fe tan pequeña como un grano de mostaza para mover un árbol y plantarlo en el mar.
Es decir, no necesitamos una fe gigantesca, sino confiada, capaz de poner en Dios toda su esperanza. Como se dice “por ahí”: creer en Dios y creerle a Dios”. Una fe así, aunque parezca pequeña, tiene una fuerza inmensa porque no se apoya en nuestras fuerzas, sino en el poder de Dios. Sí, de ese Dios cercano que nos ama profundamente.
Que estas palabras de Jesús nos animen a vivir con más coherencia. Es decir, ser un buen ejemplo para los demás y que nuestras acciones no alejen a nadie del Señor. También con más misericordia, perdonando siempre, así como nos perdona nuestro Dios. Y, por último, con una fe expectante y que confíe plenamente en el Señor.

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍