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Antes de ser coronado como Eduardo VII del Reino Unido, el hijo de la reina Victoria tuvo una juventud llena de lujuria y excesos. La historia cuenta que el príncipe Eduardo tenía un increíble apetito sexual y en busca de comodidad, solicitó una silla que se ajustara a sus necesidades y exigencias. Y esta silla a parte de brindarle "comodidad" para sus actos, podía divertirse al mismo tiempo con dos amantes.
La silla se estableció en el burdel parísino favorito de Eduardo "Le Chabanais", el principe tenía reservada allí una habitación privada e independiente. Después que el burdel cerrara en 1946, este inusual elemento fue comprado por el famoso artista Salvador Dalí.
A pesar de su forma de vida desenfrenada, Eduardo VII es recordado por los británicos como un gobernante sabio y competente. Después de su ascenso al trono, el monarca dejó atrás su pasado desenfrenado. Pero para ese entonces ya contaba con 59 años.

