Nacionales

El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra

admin 6 min de lectura 35
El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra

LA PALABRA CADA DÍA

XVIII Semana. Tiempo Ordinario

(Fiesta: La Transfiguración del Señor)

Jueves, 6 de agosto de 2026

Color: BLANCO

Primera lectura: Dn 7,9-10.13-14
Lectura del Libro de Daniel

Yo, Daniel, tuve una visión nocturna: vi que colocaban unos tronos y un anciano se sentó. Su vestido era blanco como la nieve y sus cabellos, blancos como lana; su trono, llamas de fuego, con ruedas encendidas; un río de fuego brotaba delante de él. Miles de miles le servían, millones y millones estaban a sus órdenes. Comenzó el juicio y se abrieron los libros.
Yo seguí contemplando en mi visión nocturna y vi a alguien semejante a un hijo de hombre, que venía entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el anciano de muchos siglos y fue introducido a su presencia. Entonces recibió la soberanía, la gloria y el reino. Y todos los pueblos, naciones y lenguas lo servían. Su poder nunca se acabará, porque es un poder eterno, y su reino jamás será destruido.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 96,1-2.5-6.9

R/. El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra

Reina el Señor, alégrese la tierra; cante de regocijo el mundo entero. Tinieblas y nubes rodean el trono del Señor que se asienta en la justicia y el derecho. R/.
Los montes se derriten como cera ante el Señor de toda la tierra. Los cielos pregonan su justicia, su inmensa gloria ven todos los pueblos. R/.
Tú Señor altísimo, estás muy por encima de la tierra y mucho más en alto que los dioses. R/.

Segunda lectura: 2Pe: 1,16-19
Lectura de la Segunda Carta de San Pedro

Hermanos: Cuando les anunciamos la venida gloriosa y llena de poder de nuestro Señor Jesucristo, no lo hicimos fundados en fábulas hechas con astucia, sino por haberlo visto con nuestros propios ojos en toda su grandeza. En efecto, Dios lo llenó de gloria y honor, cuando la sublime voz del Padre resonó sobre él, diciendo: «Este es mi Hijo amado, en quien Yo me complazco». Y nosotros escuchamos esta voz, venida del cielo, mientras estábamos con el Señor en la montaña santa. Tenemos también la firmísima palabra de los profetas, a la que con toda razón ustedes consideran como una lámpara que ilumina en la oscuridad, hasta que despunte el día y el lucero de la mañana amanezca en los corazones de ustedes.

Palabra de Dios

Evangelio: Mt 17,1-9
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, una para Moisés y otra para Elías». Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escúchenlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levántense, no teman». Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No cuenten a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

Palabra del Señor


“Cielo y tierra se encuentran: Claves para entender la Transfiguración”

Hoy celebramos con júbilo la Transfiguración del Señor, un profundo misterio de fe que también meditamos durante el segundo domingo de Cuaresma. En este acontecimiento se manifiesta la gloria divina de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Flanqueado por Moisés, representante de la Ley, y Elías, de los Profetas, Jesús revela su gloria a Pedro, Santiago y Juan, mostrando que la antigua alianza alcanza su plenitud en la nueva, sellada en Cristo, Verbo del Padre.
Esta escena es fundamental porque marca el momento en que el cielo y la tierra se encuentran de forma tangible. Los tres evangelios sinópticos —Mateo, Marcos y Lucas— relatan el episodio; cada uno aporta sus propios matices, pero todos concuerdan en la trascendencia de este misterio.
Históricamente, la Transfiguración comenzó a celebrarse para conmemorar la consagración de una basílica en el Monte Tabor, lugar tradicional del suceso. Desde el siglo IX empezó a festejarse en Occidente y, entre los siglos XI y XII, se estableció formalmente en Roma. En 1457, el papa Calixto III extendió la celebración a toda la Iglesia latina para conmemorar la victoria cristiana en el sitio de Belgrado (1456), acontecimiento considerado en su época como un signo de intervención divina.
Por su parte, San Josemaría Escrivá de Balaguer nos recuerda que estamos llamados a ser contemplativos en medio del mundo, cultivando un silencio interior que nos permita escuchar la voz de Jesús:
«Señor nuestro, aquí nos tienes dispuestos a escuchar cuanto quieras decirnos… Que tu conversación, cayendo en nuestra alma, inflame nuestra voluntad para que se lance fervorosamente a obedecerte».
En su obra Amigos de Dios, San Josemaría anima a convertir las tareas ordinarias en un diálogo constante de amor con el Señor, transformando la rutina en servicio y contemplación.
Ascender al Monte Tabor no implica huir del mundo, sino elevar el corazón en el día a día para encontrarse con Cristo. Para el creyente de cualquier época, la Transfiguración es un faro de esperanza y una catequesis viviente sobre la identidad de Jesús y el destino glorioso que aguarda a sus seguidores. Este misterio luminoso nos invita a subir a nuestro propio «Monte Tabor» interior mediante la oración: un espacio donde la luz de Cristo disipa las sombras de la prueba y donde la voz del Padre nos confirma como sus hijos.
¡Que Dios nos bendiga!

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍