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El Señor es mi pastor, nada me falta

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El Señor es mi pastor, nada me falta

LA PALABRA CADA DÍA

XX Semana. Tiempo Ordinario

“La paga de la eternidad”

Miércoles, 19 de agosto de 2026

Color: VERDE

Primera lectura: Ez 34,1-11
Lectura del Profeta Ezequiel

En aquellos días, me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza, diciéndoles: ¡Pastores!, esto dice el Señor:» ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No son las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores? Se comen su enjundia, se visten con su lana; matan las más gordas, y las ovejas no las apacientan. No fortalecen a las débiles, ni curan a las enfermas, ni vendan a las heridas; no recogen a las descarriadas, ni buscan las perdidas, y maltratan brutalmente a las fuertes. Al no tener pastor, se desperdigaron y fueron pasto de las fieras del campo. Mis ovejas se desperdigaron y vagaron sin rumbo por montes y altos cerros; mis ovejas se dispersaron por toda la tierra, sin que nadie las buscase, siguiendo su rastro.
Por eso, pastores, escuchen la palabra del Señor: ‘¡Lo juro por mi vida! -oráculo del Señor-. Mis ovejas fueron presa, mis ovejas fueron pasto de las fieras del campo, por falta de pastor; pues los pastores no las cuidaban, los pastores se apacentaban a sí mismos; por eso, pastores, escuchen la palabra del Señor: Esto dice el Señor: Me voy a enfrentar con los pastores; les reclamaré mis ovejas, los quitaré de pastores de mis ovejas, para que dejen de apacentarse a sí mismos los pastores; libraré a mis ovejas de sus fauces, para que no sean su manjar. Así dice el Señor: Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 22,1-3a.3b-4.5.6

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. R/.
Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.
Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. R/.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término. R/.

Evangelio: Mt 20,1-16a
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: “Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo debido”. Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros parados, y les dijo: “¿Cómo es que están aquí el día entero sin trabajar?” Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Vayan también ustedes a mi viña”.
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos».

Palabra del Señor


“La paga de la eternidad”

Son reconfortantes las palabras del Salmo 22:
«El Señor es mi pastor… me guía por el sendero justo… nada temo porque tú estás conmigo».
Es como descansar en un campo de sombra abundante y de un silencio solo interrumpido por el canto de los pájaros.
Jesús es el Buen Pastor. En cambio, los falsos pastores se aprovechan del rebaño a ellos confiado y no lo cuidan verdaderamente. Por eso dice el Señor a través del profeta: «Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas».
El Evangelio nos narra la parábola de los trabajadores contratados, una enseñanza que se adecua perfectamente al momento presente. Versa sobre los obreros de la viña: estamos en época de la vendimia física, pero hay también otra vendimia, la espiritual, en la que Dios se goza ante el fruto de su viña. Nosotros damos culto a Dios, y Dios nos cultiva a nosotros. Sin embargo, nuestro culto no lo hace mejor a Él, pues nada puede añadirse a su perfección; no le rendimos culto con el arado, sino con la adoración. Él, en cambio, nos cultiva como el agricultor a su campo y, al cultivarnos, nos hace mejores, del mismo modo que el labrador mejora la tierra con su trabajo. El fruto que espera de nosotros es precisamente que le rindamos culto.
El cultivo que Él realiza en nosotros consiste en no dejar de arrancar, con su Palabra, la mala semilla de nuestros corazones; en abrir nuestro interior, como con un arado, por medio de su mensaje; en sembrar en nosotros la semilla de sus preceptos y en esperar el fruto de la piedad.
En efecto, si aceptamos en el corazón este cultivo y le rendimos el culto debido, no seremos ingratos con nuestro agricultor, sino que le corresponderemos con el fruto que le agrada. Este fruto no lo enriquece a Él, pero a nosotros nos hace más dichosos.
San Agustín, comentando este Evangelio, aclara la duda sobre la igualdad en la recompensa:
«En la recompensa seremos, pues, todos iguales: los últimos como los primeros y los primeros como los últimos, porque el denario es la vida eterna y en la vida eterna todos serán iguales. Aunque unos brillarán más y otros menos según la diversidad de sus méritos, por lo que respecta a la vida eterna será igual para todos. No será para uno más larga y para otro más corta lo que en ambos casos será sempiterno; lo que no tiene fin no lo tendrá ni para ti ni para mí… por lo que respecta a la vida eterna, ninguno vivirá más que el otro. Viven igualmente sin fin… Y el denario es la vida eterna. No murmure, pues, el que lo recibió después de mucho tiempo contra el que lo recibió poco después. A uno se le da como recompensa, a otro se le regala; pero a uno y a otro se les otorga lo mismo».
No trabajemos por nada que no sea la vida eterna y verdadera. Todo afán que no sea este es fatiga inútil y vanidad de vanidades.

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍