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Cuando escribo lo hago de manera objetiva, cónsono con mis precarios conocimientos, minúsculo saber e ínfimo acervo cultural, por lo que separo siempre lo inherente al aval cultural e intelectual con el abyecto quehacer de los orcopolitas, serviles y mercenarios de ayer, de hoy y de siempre, a los cuales he combatido públicamente de manera sempiterna en mis artículos y con mi oratoria en grandes escenarios en los que me ha tocado participar como orador invitado dentro de nuestro erario patrio.
En representación de la Región Sur, una muestra de lo expresado en el párrafo que antecede lo constituye el extenso y ardiente discurso que en defensa de la justicia social y de los preceptos revolucionarios pronuncié en el escenario del estamento correspondiente en Santo Domingo ante una enorme multitud, en ocasión del debate sobre la promulgación de las leyes agrarias, en cuyo escenario representó la mesa presidencial el Dr. Carlos Goico Morales, a la sazón Vicepresidente de la República Dominicana: muchos pensaron que iba a salir preso de ese acto y otros que perdería la vida.
Por resultarme insoslayable, me inhibo en soslayar aquí, que abrigo la convicción de que para defender o hacer la auténtica revolución y abrazar el horizonte de la misma, no basta con hacer mención o no, del alto o ínfimo nivel intelectual de ningún actor o gestor político partidario, porque en nuestro país existen escasos revolucionarios, estamos exentos de líderes y la democracia es una vil prostituta que vende su conciencia y su preciada dignidad al mejor postor en el lecho de las elecciones partidarias cada dos o cuatro años, donde los falsos líderes comercializan con el hambre y la miseria del pueblo dominicano, enarbolando inicuamente la perversa ironía de sus fatídicas abominables actitudes y aptitudes humanas, con el hipócrita izamiento de unos símbolos patrios que mancillan y pisotean a cada instante en nombre de una ¨democracia sin pueblo¨, en cuyo nombre se cristalizan consuetudinariamente los más infrahumanos y horripilantes crímenes e injusticias sociales.
Dado lo expuesto en líneas anteriores, al tiempo que lo sustento, admiro cabalmente al Dr. Joaquín Balaguer Ricardo en su genuina calidad de intelectual de altísimos vuelos; mas, detesto y combatí la vil fatalidad de su retinta existencia de ¨Déspota Ilustrado¨, que de manera perenne vistió de luto, sangre y dolor las entrañas mismas de lo más granado de la sociedad dominicana.
Soy un gran admirador y asiduo seguidor de la excelsa epopeya consumada por nuestro fenecido inmortal Coronel de Abril, a quien venero en demasía y he dedicado parte de mis humildes escritos; pero en aras de la objetividad no puedo negar que los primeros años de su existencia como militar no son objeto necesariamente de mi análoga admiración; pues considero que nuestro colosal e insuperable actor y conductor de la gesta heroica del 1965 se reivindicó para siempre con su excelsa gallardía e inmensurable heroísmo, exento de símil posible en los anales de la convulsionada historia dominicana y de todo el universo.
Aquí estamos completamente huérfanos de auténtica ideología y de verdaderos líderes políticos, pues los mismos remuneran o pagan para obtener adeptos que se venden como mercancías putrefactas al mejor postor; la equidad social es una simple ramera cimentada sobre el parco hábitat de la prostitución en sus diferentes retintas facetas, donde hay falsos curas y cínicos pastores que profesan un satánico cristianismo que no ostentan ni sustentan en los hechos; un cristianismo irónico, que dista y dicta mucho de la sacrosanta fe del mesías crucificado en Santísima Cruz del Calvario, en aras de redimirnos del pecado: el primer auténtico revolucionario del universo.
Un fuerte abrazo fraternal, mensajero fiel de mis genuinos sentimientos de alta consideración, merecido respeto y amistad, para todos los que disientan de lo aquí expresado, e igualmente para los que no disientan sobre su contexto.
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Prof. Juan C. Benzán
San Juan de la Maguana,
10/09/2022

