Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad
LA PALABRA CADA DÍA
XXIV Semana. Tiempo Ordinario
“El amor: corazón de la vida cristiana”
Miércoles, 16 de septiembre de 2026
Color: ROJO
Primera lectura: 1Cor 12,31–13,13
Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios
Hermanos: Ambicionen los carismas mejores. Y aún les voy a mostrar un camino mejor. Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden. Ya podría tener el don de la predicación y conocer todos los secretos y todo el saber; podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada. Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca. ¿El don de predicar ?, se acabará. ¿El don de lenguas?, enmudecerá. ¿El saber?, se acabará. Porque inmaduro es nuestro saber e inmaduro es nuestro predicar; pero, cuando venga la madurez, lo inmaduro se acabará.
Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre acabé con las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo de adivinar; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es por ahora inmaduro; entonces podré conocer como Dios me conoce. En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 32,2-3.4.12 y 22
R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad
Den gracias al Señor con la cítara, toquen en su honor el arpa de diez cuerdas; cántenle un cántico nuevo, acompañando los vítores con bordones. R/.
La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, su misericordia llena la tierra. R/.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R/.
Evangelio: Lc 7,31-35
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
En aquel tiempo, dijo el Señor: «¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: "Tocamos la flauta y no bailan, cantamos lamentaciones y no lloran". Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijeron que tenía un demonio; viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Miren qué comilón y qué borracho, amigo de publicanos y pecadores". Sin embargo, los discípulos de la sabiduría le han dado la razón».
Palabra del Señor
“El amor: corazón de la vida cristiana”
La liturgia de hoy nos conduce al corazón de la vida cristiana: el amor. San Pablo, en su hermosa enseñanza a los corintios, nos recuerda que los dones, los talentos e incluso la fe más grande carecen de valor si no están animados por la caridad. El amor es paciente, servicial y todo lo espera; es el camino más excelente que Dios nos propone.
Por eso el salmo proclama: «Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad». La verdadera felicidad del pueblo de Dios no reside en sus fuerzas ni en sus logros, sino en saberse amado por el Señor y llamado a vivir en ese amor.
En el Evangelio, Jesús lamenta la actitud de quienes nunca quedan satisfechos con la acción de Dios. Rechazaron tanto la austeridad de Juan el Bautista como la cercanía misericordiosa de Jesús. Su corazón cerrado les impidió reconocer la sabiduría divina. Hoy el Señor nos invita a no endurecer el corazón, sino a acoger con sencillez los caminos por los que sale a nuestro encuentro.
La memoria de los santos mártires Cornelio y Cipriano nos ofrece un ejemplo luminoso. Unidos por la fe y la caridad, defendieron la comunión de la Iglesia en tiempos difíciles y sellaron con su sangre su amor a Cristo. Ellos comprendieron que la caridad no es solo una palabra, sino una entrega total.
Pidamos al Señor la gracia de vivir el amor que permanece para siempre. Porque, como enseña san Pablo, pasarán muchas cosas, pero al final permanecerán la fe, la esperanza y el amor; y el mayor de todos es el amor.
Oración final
Señor Jesús, abre nuestro corazón para reconocer tu presencia y vivir en la caridad. Que el ejemplo de san Cornelio y san Cipriano nos fortalezca en la fe y en la comunión fraterna. Haz que nuestras palabras y acciones estén siempre inspiradas por el amor que viene de ti. Amén.
(Guía Litúrgica)
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍
