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LA PALABRA CADA DÍA
XXIII Semana Tiempo Ordinario
“Desbordo de gozo con el Señor”
Lunes, 8 de septiembre del 2025
Color: BLANCO
Primera lectura: Miq 5,1-4a
Lectura del Profeta Miqueas
Así dice el Señor: «Pero tú, Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel. Su origen es desde lo antiguo, de tiempo inmemorial. Los entrega hasta el tiempo en que la madre dé a luz, y el resto de sus hermanos retornará a los hijos de Israel. En pie, pastoreará con la fuerza del Señor, por el nombre glorioso del Señor, su Dios. Habitarán tranquilos, porque se mostrará grande hasta los confines de la tierra, y éste será nuestra paz».
Palabra de Dios
(O bien Romanos 8,28-30)
Salmo Responsorial: 12,6ab.6cd
R/. Desbordo de gozo con el Señor
Porque yo confío en tu misericordia: alegra mi corazón con tu auxilio. R/.
Y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho. R/.
Evangelio: Mt 1,1-16.18-23
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo
Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán. Abrahán engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zará, Fares a Esrón, Esrón a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró, de Rahab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed a Jesé, Jesé engendró a David, el rey, David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón.
Salomón a Roboam, Roboam a Abías, Abías a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatán, Joatán a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amós, Amós a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia.
Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquín, Eliaquín a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mira: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios con nosotros”.
Palabra del Señor
“Desbordo de gozo con el Señor”
Miqueas es un profeta que surge en tiempos difíciles, cuando la esperanza parecía desvanecerse entre conflictos, injusticias y temor al futuro. Su voz, sin embargo, no es de condena, sino de anuncio de salvación: en la humildad de un pequeño pueblo, Belén, Dios prepara un nacimiento que cambiará la historia. Nos recuerda que Dios no actúa según los criterios del mundo, sino desde lo sencillo y escondido, dándonos la certeza de que la fuerza de su amor resplandece en la fragilidad. Hoy, Miqueas proclama que, aun en medio de la debilidad y del misterio, el Señor cumple sus promesas y guía a su pueblo “con la fuerza del Señor, por el nombre glorioso del Señor, su Dios”.
El corazón se llena de canto y gratitud: “Desbordo de gozo con el Señor”, repetimos junto al salmista. Es un gozo que no ignora las dificultades, pero reconoce que Dios mira nuestra pequeñez y la transforma en motivo de alegría. Saber que Dios nos mira con tanto amor, nos anima a esperar, confiar y actuar con alegría incluso en las pequeñas cosas de la vida diaria.
El Evangelio de Mateo propone una genealogía larga, con nombres que a veces nos resultan lejanos o desconocidos, para mostrarnos que la historia de la salvación está tejida por generaciones de rostros, errores y esperanzas. Nada ni nadie queda fuera del plan de Dios; incluso las historias más dolorosas o anónimas encuentran sentido cuando Él las toca. En el centro de este entramado surge la figura de María, cuya Natividad celebramos hoy. Su sí sencillo, libre y confiado introduce la novedad de Dios en el mundo. María es la tierra buena donde germina la semilla del Verbo: toda su vida proclama la fidelidad de Dios y nos recuerda que el Señor cumple siempre su palabra.
La fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María es más que el recuerdo del nacimiento de una niña especial. Es celebrar el inicio visible de la salvación, la respuesta generosa de una vida preparada y abierta a la gracia, y la cercanía de una Madre que acompaña y sostiene en nuestro propio caminar. Para nosotros, católicos, María es ejemplo de fe sencilla y audaz, de humildad y valentía. Es la Madre que acoge, enseña y auxilia, invitándonos a confiar en que la ternura de Dios nunca nos falta.
Hoy, tenemos razones para vivir la esperanza. En la fidelidad de Dios, en la alegría profunda de sabernos queridos y en la presencia silenciosa de María, descubrimos que la vida, aun con pruebas, puede desbordar de gozo y de futuro. Que al estilo de María, sepamos decir sí al Amor, abriéndonos a la misión 3única y hermosa que el Señor ha preparado para cada uno de nosotros.
(Guía Litúrgica)

