“Confesemos, proclamemos y vivamos la fe en Jesucristo” (Lc 22, 14-20)

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LA PALABRA DIARIA

Fiesta: Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote

Color: BLANCO

27 de mayo de 2021

Primera Lectura: Is 52, 13-53, 1-12
Lectura del libro del profeta Isaías

He aquí que mi siervo prosperará, será engrandecido y exaltado, será puesto en alto. Muchos se horrorizaron al verlo, porque estaba desfigurado su semblante, que no tenía ya aspecto de hombre; pero muchos pueblos se llenaron de asombro. Ante él los reyes cerrarán la boca, porque verán lo que nunca se les había contado y comprenderán lo que nunca se habían imaginado.
¿Quién habrá de creer lo que hemos anunciado? ¿A quién se le revelará el poder del Señor? Creció en su presencia como planta débil, como una raíz en el desierto. No tenía gracia ni belleza. No vimos en él ningún aspecto atrayente; despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, habituado al sufrimiento; como uno del cual se aparta la mirada, despreciado y desestimado.
Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo tuvimos por leproso, herido por Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. El soportó el castigo que nos trae la paz. Por sus llagas hemos sido curados. Todos andábamos errantes como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Cuando lo maltrataban, se humillaba y no abría la boca, como un cordero llevado a degollar; como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca.
Inicuamente y contra toda justicia se lo llevaron. ¿Quién se preocupó de su suerte? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, lo hirieron de muerte por los pecados de mi pueblo, le dieron sepultura con los malhechores a la hora de su muerte, aunque no había cometido crímenes, ni hubo engaño en su boca.
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento. Cuando entregue su vida como expiación, verá a sus descendientes, prolongará sus años y por medio de él prosperarán los designios del Señor. Por las fatigas de su alma, verá la luz y se saciará; con sus sufrimientos justificará mi siervo a muchos, cargando con los crímenes de ellos.
Por eso le daré una parte entre los grandes, y con los fuertes repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y fue contado entre los malhechores, cuando tomó sobre sí las culpas de todos e intercedió por los pecadores.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 39, 6.8-11
R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

¡Cuántas maravillas has hecho, Señor Dios mío! ¡Cuántos proyectos para nosotros! ¡No hay nadie como tú! Yo quisiera contarlos, publicarlos, pero son innumerables. R/.
He proclamado tu fidelidad en la gran asamblea; tú sabes, Señor, que no me he callado. No he ocultado tu fidelidad en el fondo de mi corazón, proclamé tu lealtad y tu salvación, no oculté tu amor en la gran asamblea. R/.

Evangelio: Lc 22, 14-20
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas

Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con sus discípulos. Y les dijo:
«¡Cómo he deseado celebrar esta pascua con ustedes antes de morir! Porque les digo que no la volveré a celebrar hasta que tenga su cumplimiento en el reino de Dios».
Tomó entonces un cáliz, dio gracias y dijo: «Tomen esto y repártanlo entre ustedes; pues les digo que ya no beberé del fruto de la vid hasta que llegue el reino de Dios». Después tomó pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes; hagan esto en memoria mía».
Y después de la cena, hizo lo mismo con el cáliz diciendo: «Este es el cáliz de la nueva alianza sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes».

Palabra del Señor


“Confesemos, proclamemos y vivamos la fe en Jesucristo” (Lc 22, 14-20)

La muerte y resurrección de Jesús estaban anunciadas desde tiempos antiguos, cientos de años antes, ya Dios había revelado todo lo que debía padecer su Hijo.
En la Ley que Dios le había dado al pueblo judío había normas muy claras de lo que era considerado pecado y cómo, con sacrificios, podían encontrar el perdón de esos pecados. Moisés especificó las pautas para pedir perdón a Dios. Continuamente el pueblo ofrecía sacrificios por medio de los sacerdotes instituidos en el pueblo. Dios sabía que necesitaríamos más que esto para perdonar nuestros pecados. Y por eso escribe el profeta Isaías: “Pero Él fue herido por nuestras transgresiones. El castigo por nuestra paz, cayó sobre Él, y por sus heridas, hemos sido sanados”. Más adelante nos dice cómo Jesús actuó en ese momento: “Fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca. Como cordero que es llevado al matadero…”
La profecía se cumple completamente en Jesús, no sólo siendo el cordero, sino también siendo el sacerdote que ofrece el sacrificio una vez y para siempre.”
Nuestro Señor Jesús estaba celebrando la Pascua como había sido ordenada por Dios para recordar la liberación del pueblo de Israel del yugo de los egipcios y a la vez anunciando su propia Pascua definitiva para nuestra liberación. Conseguirá la salvación para toda la humanidad, no solo de los judíos.
Ver a Cristo hablando a los discípulos sabiendo que ya su misión sería realizada en muy poco tiempo, nos muestra su total rendición al plan de Dios. Como Sumo Sacerdote nos enseña acerca de beber su sangre y comer su carne en este Nuevo Pacto, en esta nueva realidad que en el amor de Dios nos incluye a todos. Para nosotros también es el Cuerpo y la Sangre de Jesús, para nosotros también es la manifestación del Hijo de Dios.
Porque este nuevo pueblo de Dios ya no es judío exclusivamente, es un pueblo de toda raza y nación, de todas las latitudes del mundo, del que somos parte los que experimentamos la liberación, por medio del Espíritu Santo, de toda opresión de pecado y maldad, haciéndonos libres y plenos en su amor.
¡Confesemos, proclamemos y vivamos la fe en Jesucristo, nuestro Sumo y Eterno Sacerdote!

(Guía Mensual)

“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén”✍