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Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida

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Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida

LA PALABRA CADA DÍA

XXIV Semana. Tiempo Ordinario

“De la fragilidad a la gloria”

Viernes, 18 de septiembre de 2026

Color: VERDE/ROJO

Primera lectura: 1Cor 15,35-37.42-49
Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios

Hermano: Alguno preguntará: «¿Y cómo resucitan los muertos? ¿Qué clase de cuerpo traerán?» ¡Tonto! Lo que tú siembras no recibe vida si antes no muere. Y, al sembrar, no siembras lo mismo que va a brotar después, sino un simple grano, de trigo, por ejemplo, o de otra planta.
Igual pasa en la resurrección de los muertos: se siembra lo corruptible, resucita incorruptible; se siembra lo miserable, resucita glorioso; se siembra lo débil, resucita fuerte; se siembra un cuerpo animal, resucita cuerpo espiritual. Si hay cuerpo animal, lo hay también espiritual.
En efecto, así es como dice la Escritura: «El primer hombre, Adán, se convirtió en ser vivo.» El último Adán, en espíritu que da vida. El espíritu no fue lo primero; primero vino la vida y después el espíritu. El primer hombre, hecho de tierra, era terreno; el segundo hombre es del cielo. Pues igual que el terreno son los hombres terrenos; igual que el celestial son los hombres celestiales. Nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 55,10.11-12.13-14

R/. Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida

Que retrocedan mis enemigos cuando te invoco, y así sabré que eres mi Dios. R/.
En Dios, cuya promesa alabo, en el Señor, cuya promesa alabo, en Dios confío y no temo; ¿qué podrá hacerme un hombre? R/.
Te debo, Dios mío, los votos que hice, los cumpliré con acción de gracias; porque libraste mi alma de la muerte, mis pies de la caída; para que camine en presencia de Dios a la luz de la vida. R/.

Evangelio: Lc 8,4-15
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas

En aquel tiempo, se le juntaba a Jesús mucha gente y, al pasar por los pueblos, otros se iban añadiendo.
Entonces les dijo esta parábola: Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, y, al crecer, se secó por falta de humedad. Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena, y, al crecer, dio fruto al ciento por uno. Dicho esto, exclamó: El que tenga oídos para oír, que oiga.
Entonces le preguntaron los discípulos: ¿Qué significa esa parábola? Él les respondió: A ustedes se les ha concedido conocer los secretos del Reino de Dios; a los demás, sólo en parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan.
El sentido de la parábola es éste: La semilla es la Palabra de Dios. Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los del terreno pedregoso son los que, al escucharla, reciben la Palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan. Lo que cayó entre zarzas son los que escuchan, pero con los afanes y riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no maduran. Los de la tierra buena son los que con un corazón noble y generoso escuchan la Palabra, la guardan y dan fruto perseverando.

Palabra del Señor


“De la fragilidad a la gloria”
La liturgia de hoy nos invita a mirar nuestra vida con los ojos de la esperanza y de la fidelidad.
San Pablo, al escribir a los corintios, compara nuestra existencia presente con una semilla sembrada en la tierra: lo que ahora es frágil y perecedero será transformado por Dios en gloria e inmortalidad. Nuestra meta no se limita a esta vida; estamos llamados a participar plenamente de la vida de Cristo resucitado. Por eso caminamos sostenidos por la esperanza.
El salmo expresa esta confianza con una hermosa oración: «Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida». Quien vive en la presencia del Señor encuentra luz para el camino y fuerza para perseverar en medio de las pruebas.
En el Evangelio, Jesús narra la Parábola del Sembrador. La semilla es la Palabra de Dios y el terreno es nuestro corazón; la fecundidad no depende de la calidad de la semilla, sino de la disposición con la que la acogemos. Un corazón abierto, perseverante y confiado produce fruto abundante para el Reino.
La memoria de san Jenaro nos recuerda precisamente esa tierra buena. Su fe permaneció firme en medio de la persecución y dio fruto de santidad hasta el martirio. Su vida nos enseña que la Palabra acogida con perseverancia transforma toda la existencia.
Pidamos hoy al Señor un corazón dócil a su Palabra, capaz de vivir en su presencia y de caminar a la luz de la vida, hasta el día en que participemos plenamente de la gloria de Cristo resucitado.
Señor Jesús, siembra tu Palabra en nuestro corazón. Arranca de nosotros todo aquello que impide su crecimiento y concédenos perseverar en la fe. Que, siguiendo el ejemplo de san Jenaro, demos fruto de amor, esperanza y fidelidad para tu Reino. Amén.

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍