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Bendito el Señor, mi Roca

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Bendito el Señor, mi Roca

LA PALABRA CADA DÍA

XXX Semana. Tiempo Ordinario

“Aquí estoy, envíame”: respuesta al llamado de Dios

Jueves, 29 de octubre de 2026

Color: VERDE

Primera lectura: Efe 6,10-20
Lectura de la Carta de San Pablo a los Efesios

Hermanos: Busquen su fuerza en el Señor y en su invencible poder. Pónganse las armas que Dios les da, para poder resistir a las estratagemas del diablo, porque nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso, sino contra los principados, autoridades y poderes que dominan este mundo de tinieblas, contra las fuerzas sobrehumanas y supremas del mal.
Por eso, tomen las armas de Dios, para poder resistir en el día fatal y, después de actuar a fondo, mantener las posiciones. Estén firmes, repito: abróchense el cinturón de la verdad, por coraza pónganse la justicia; bien calzados para estar dispuestos a anunciar la noticia de la paz. Y, por supuesto, tengan embrazado el escudo de la fe, donde se apagarán las flechas incendiarias del malo. Tomen por casco la salvación y por espada la del Espíritu, es decir, la palabra de Dios, insistiendo y pidiendo en la oración.
Oren en toda ocasión con la ayuda del Espíritu. Tengan vigilias en que oren con constancia por todo el pueblo santo. Pidan también por mí, para que Dios abra mi boca y me conceda palabras que anuncien sin temor el secreto contenido en el Evangelio, del que soy embajador en cadenas. Pidan que tenga valor para hablar de él como debo.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 143,1.2.9-10

R/. Bendito el Señor, mi Roca

Bendito el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para el combate, mis dedos para la pelea. R/.
Mi bienhechor, mi alcázar, baluarte donde me pongo a salvo; mi escudo y mi refugio, que me somete los pueblos. R/.
Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, tocaré para ti el arpa de diez cuerdas: para ti que das la victoria a los reyes, y salvas a David tu siervo. R/.

Evangelio: Lc 13,31-35
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas

En aquella ocasión, se acercaron unos fariseos a decirle: «Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte». Él contestó: «Vayan a decirle a ese zorro: “Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi término”. Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén.
¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus pollitos bajo las alas! Pero no han querido. Su casa se les quedará vacía. Les digo que no me volverán a ver hasta el día que exclamen: “Bendito el que viene en nombre del Señor”.

Palabra del Señor


“Aquí estoy, envíame”: respuesta al llamado de Dios

Ya en esta última semana del mes las misiones, el Señor nos recuerda que la misión no es una tarea reservada para unos pocos, sino la vocación de todo bautizado. San Pablo nos invita a fortalecernos en el Señor y a revestirnos de la armadura de Dios. Antes de salir a anunciar el Evangelio, necesitamos permanecer unidos a Cristo mediante la oración, la escucha de su Palabra y la celebración de los sacramentos. Solo un corazón profundamente unido a Dios puede ser verdadero instrumento de su amor.
En el Evangelio contemplamos a Jesús con el corazón de un verdadero Pastor. Él no se deja vencer por el miedo ni por las dificultades; al contrario, mira con amor a quienes están dispersos y desea reunirlos bajo sus alas. Ese es también el corazón que debe tener todo discípulo misionero: un corazón que sale al encuentro, que no juzga, que acompaña al que está herido, que consuela al que sufre y que nunca pierde la esperanza de que todos puedan experimentar el amor misericordioso del Padre.
En este Mes de las Misiones preguntémonos en oración: ¿Soy un verdadero misionero allí donde el Señor me ha puesto? ¿Mi familia, mi trabajo y mi comunidad descubren a Cristo a través de mi testimonio?
Que este tiempo misionero renueve nuestro deseo de ser una Iglesia en salida, llevando esperanza, paz y alegría a todos. Y que María, Reina de las Misiones, nos enseñe a responder cada día con generosidad al llamado del Señor: «Señor, aquí estoy; envíame a anunciar tu amor con mi vida». Amén.

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍