ARTÍCULO DE ACTUALIDAD: AHORA A CUALQUIERA SE LE LLAMA POETA Por: Juan C. Benzán

Loading

AHORA A CUALQUIERA SE LE LLAMA POETA
Por: Juan C. Benzán

Obrero de la literatura


La banalización del poeta en la contemporaneidad:

En los tiempos que corren, se ha instaurado una preocupante tendencia: la ligereza con la que se otorga el título de “poeta”. Lo que antaño constituía un reconocimiento implícito a la sensibilidad cultivada, al dominio del lenguaje y a la elaboración estética del pensamiento, hoy parece haberse diluido en una práctica indiscriminada de elogio fácil y validación colectiva.

No todo escrito es poesía, como no todo sentimiento, por el mero hecho de ser intenso, alcanza categoría estética. La poesía —en su sentido más genuino— es el resultado de un proceso de creación donde convergen la emoción, la forma y la conciencia del lenguaje. Es, en esencia, poiesis: construcción, no simple desahogo.

Sin embargo, asistimos a un fenómeno donde cualquier expresión, aun carente de coherencia, estructura o corrección lingüística, es celebrada como obra poética. Se aplauden textos plagados de faltas ortográficas, de puntuación deficiente, de incongruencias gramaticales y de una pobreza expresiva que dista mucho de lo que la tradición literaria ha considerado digno de tal nombre. Este elogio indiscriminado no solo desvirtúa el concepto de poesía, sino que además perjudica al propio autor, al impedirle reconocer sus carencias y, por ende, superarlas.

La responsabilidad no recae únicamente en quienes escriben sin el debido esmero, sino también —y quizás en mayor medida— en quienes fomentan esta práctica mediante la aprobación complaciente. Elogiar sin criterio no es un acto de generosidad: es una forma de negligencia estética. Lejos de contribuir al crecimiento del escritor, lo condena a la repetición de sus errores y a una falsa percepción de su propio talento.

No se trata, sin embargo, de negar la dimensión sensible del ser humano. Es innegable que la poesía nace, en gran medida, de una disposición interior, de una capacidad de asombro y de una mirada particular sobre el mundo. Pero esa disposición, por sí sola, no basta. La sensibilidad sin disciplina produce intención; la disciplina sin sensibilidad produce técnica; solo la conjunción de ambas engendra verdadera poesía.

En este contexto, las dinámicas de ciertos espacios culturales —especialmente en entornos digitales— han contribuido a la consolidación de una suerte de validación grupal donde el reconocimiento no siempre responde al mérito, sino a la empatía o a la pertenencia. Así, el título de poeta deja de ser una conquista para convertirse en una concesión.

Conviene, por tanto, restituir el valor del lenguaje y la dignidad del acto creador. No desde una postura excluyente o elitista, sino desde una ética del rigor y del respeto por la palabra. Es necesario incentivar la crítica constructiva, el aprendizaje constante y la humildad intelectual, entendiendo que el verdadero arte no teme a la corrección, sino que se nutre de ella.

La poesía no puede ni debe reducirse a una etiqueta complaciente. Nombrar poeta a quien no ha cultivado las herramientas esenciales del oficio es, en última instancia, una forma de empobrecer la literatura misma. Defender la poesía es, hoy más que nunca, defender su esencia: la unión indisoluble entre belleza, verdad y forma.

He visto calificando y elogiando cualquier escrito como un poema o poesía, aunque en ocasiones sea un simple comentario mal expresado de algo que pasó en la casa de un mal denominado poeta, lo que resta importancia y estímulo al sentimiento estético expresado por medio de la palabra, ya sea en versos o en prosa, de manera sencilla o no; es decir, la poiesis pierde la solemnidad de su belleza y esencia creadora. Las mismas Normas Comunitarias de los maravillosos grupos incluyen una cláusula expresa que se refiere a lo inherente al cuidado y buen uso del lenguaje y las grafías.

Ahora, poeta es cualquiera y en cualesquiera eriales del universo a cualquier semianalfabeto o no, pseudointelectual o no, que no sabe expresarse en forma sencilla ni culta, se le califica como poeta, aunque sus comentarios o escritos dicten mucho de lo que en esencia es una auténtica poesía o un poema, aunque instile en sus comentarios un mar de faltas ortográficas, signos de puntuación incorrectos, espaciado incorrecto en los signos de puntuación, oraciones tópicas cortadas e incompletas, faltas de concordancia entre género y número, lenguaje inclusivo incorrecto o mal empleado y un descuidado océano de otros pueriles vicios gramaticales, además de los que utilizan el vil flagelo del plagio de los escritos de otros auténticos autores de hoy y de ayer, incluyendo creaciones de la Inteligencia Artificial (IA) que suelen presentar como suyas sin hacer mención de esa herramienta prodigiosa.

Lo ut supra expresado es muy bien sabido, entre otros auténticos grandes poetas que por razones de tiempo y de espacio me he visto inhibido en nombrar aquí; por el genial poeta Ramón Saba, Luis Carvajal Núñez, Rafael Pineda, Héctor Solano, Jose Valenzuela, Azael Diaz Hernandez (lo considero el mejor poeta cubano después del inmortal José Ángel Buesa), por el inmenso Sergio Sánchez, el excelso y culto J.L. Lopez Lugo, Jorge José Eliecer Ojeda Calderón, Eduardo Leal Cruz, las colosales aedas, poetas o poetisas Nitin Troncoso, Nara Canino Salgado, Rosa Margarita Juarez, Issabel Mayor, Gema Rosado, Noahally Quino, Davinia Mesas Lorenzo, Soy Poesia, La novena Musa, Mariel Nilsa, Mar Garcia, Melina Azul, Ana Belen Fernández Garcia, María Caridad Pérez Borges, Reina De Corazones, Miryam Zea Sanchez, Cely Vargas, y otras estrellas luminosas de la creación literaria que por razones de tiempo y espacio he tenido que soslayar aquí, incluyendo a nuestros insoslayables excelsos poetas Ramón Saba, Luis Carvajal Nuñez, el polímata Cesar Augusto Zerpa, el genial poeta Alberto Gonzalez, los prodigiosos Nicanor de la Rosa, Ike Mendez, Jorge Acosta poeta Mendocino, y una maravillosa auténtica cantera de talentosos avezados escritores de mi erial patrio, de Cuba, México, Colombia, Venezuela, España, Uruguay, Paraguay, Argentina, Costa Rica, Ecuador, Puerto Rico, Estados Unidos, y de otros lares del universo…

En síntesis; con algunas excepciones, diferente a épocas anteriores, ahora para ser llamado poeta únicamente hay que tener empatía con un grupo o entidad difusora del arte y la cultura, y para ser denominado escritor basta con mandar a una casa editora y publicar una especie de folleto o "libro" encuadernado con algunos escritos preñados de vicios gramaticales, exentos de estética y de sentido coherente, que dictan mucho de ser poesías, versos o poemas…


Prof. Juan C. Benzán
Obrero de la Literatura
República Dominicana.

@destacar
@seguidores