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Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

admin 6 min de lectura 57
Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

LA PALABRA CADA DÍA

XIII Semana. Tiempo Ordinario

“La verdadera ofrenda es una vida recta”

Miércoles, 1 de julio de 2026

Color: VERDE

Primera lectura: Am 5,14-15.21-24
Lectura de la Profecía de Amós

Busquen el bien y no el mal, y vivirán, y así estará con ustedes el Señor Dios de los ejércitos, como desean.
Odien el mal, amen el bien, defiendan la justicia en el tribunal. Quizá se apiade el Señor, Dios de los ejércitos, de los supervivientes de José.
Detesto y rehúso sus fiestas –oráculo del Señor– no quiero oler sus ofrendas. Aunque me ofrezcan holocaustos y dones, no me agradarán; no aceptaré los terneros cebados que sacrifican en acción de gracias.
Retiren de mi presencia el estruendo del canto, no quiero escuchar el son de la cítara; fluya como el agua el juicio, la justicia como arroyo perenne.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 49,7.8-9.10-11.12-13

R/. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

«Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte; Israel, voy a dar testimonio contra ti; “yo, Dios, tu Dios”.» R/.
«No reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños.» R/.
«Pues las fieras de la selva son mías, y hay miles de bestias en mis montes; conozco todos los pájaros del cielo, tengo a mano cuanto se agita en los campos.» R/.
Si tuviera hambre, no te lo diría: pues el orbe y cuanto lo llena es mío. ¿Comeré yo carne de toros, beberé sangre de cabritos? R/.
«¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos?» R/.

Evangelio: Mt 8,28-34
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gerasenos. Desde el cementerio, dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino. Y le dijeron a gritos: «¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?» Una gran piara de cerdos a distancia estaba hozando. Los demonios le rogaron: «Si nos echas, mándanos a la piara». Jesús les dijo: «Vayan». Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo y se ahogó en el agua. Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados. Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.

Palabra del Señor


“La verdadera ofrenda es una vida recta”

La Palabra de Dios de hoy nos confronta con una verdad incómoda, pero necesaria: no toda práctica religiosa agrada al Señor. El contexto presenta a un pueblo que cumple con los ritos, ofrece sacrificios y mantiene las formas externas del culto, pero cuya vida está marcada por la injusticia y la incoherencia. Por eso, la voz del profeta resuena con claridad: «Busquen el bien… defiendan la justicia». Dios no rechaza el culto en sí; rechaza un culto vacío de vida.
Lo que el Señor desea no es la apariencia, sino la autenticidad. No quiere palabras que no se encarnen en la vida, ni gestos religiosos que no transformen el corazón. La imagen que utiliza el profeta es elocuente: que la justicia fluya como un río. Es decir, que la fe no sea algo aislado o circunstancial, sino una corriente constante que atraviese toda nuestra existencia.
El salmo profundiza esta misma enseñanza. Dios no necesita sacrificios materiales, porque todo le pertenece. Lo que busca es la coherencia de un corazón que viva aquello que proclama. De nada sirve hablar de alianza si, en la práctica, se rechaza su enseñanza. La verdadera ofrenda es una vida recta, fiel y comprometida con su voluntad.
El Evangelio lleva esta verdad a una escena concreta. Jesús libera a dos hombres dominados por fuerzas que los deshumanizan y los mantenían aislados de la sociedad. Su presencia devuelve la libertad, restaura la dignidad y hace renacer la esperanza. Sin embargo, la reacción de los habitantes del lugar resulta sorprendente: en vez de acogerlo con gratitud, le piden que se marche.
Aquí se manifiesta una tensión que también puede darse en nuestra vida. A veces preferimos conservar un orden conocido, aunque esté deteriorado, antes que permitir que Dios transforme nuestra realidad. La acción de Jesús libera, pero también incomoda, porque rompe nuestros esquemas, cuestiona nuestras seguridades y nos exige un cambio de vida.
Las lecturas de hoy convergen en un mismo mensaje: Dios no quiere quedarse en lo externo; quiere entrar en lo más profundo de nuestra existencia. Quiere liberarnos, transformarnos y hacer brotar en nosotros la justicia, la misericordia y el amor. Pero esto exige una decisión personal: abrirle el corazón o resistir su presencia.
En este camino de santidad que recorremos como Iglesia, estamos llamados a revisar la coherencia de nuestra fe. La sinodalidad nos invita a vivir una fe encarnada, en la que lo que celebramos en la liturgia se refleje en nuestras acciones, en nuestras relaciones y en la forma en que tratamos a los demás.
Hoy el Señor nos invita a dar un paso más allá de lo superficial. Nos llama a permitir que su presencia toque aquello que necesita ser transformado, a elegir siempre el bien, a vivir la justicia y a no cerrar el corazón cuando Él pasa por nuestra vida. Porque solo una fe que se hace vida es verdaderamente agradable a Dios.

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍

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