Abinader: entre un empresariado insaciable y una sociedad civil de oportunistas.

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Por: Natanael Santos. –

A nadie le cabe duda de las buenas intenciones del presidente Luis Abinader, un mandatario comprometido, cien por ciento, con dejar -luego de su paso por el poder- un país diferente, más transparente, mejor articulado e institucionalizado, con soluciones a algunos de los problemas ancestrales. Esa es una realidad y una percepción generalizada que ha logrado vender él mismo, muy a pesar de lo mal manejada que ha sido la política de comunicación de su Gobierno.

Sin embargo, se percibe que está atrapado entre un empresariado insaciable y una sociedad civil de oportunistas. Un empresariado desalmado, agiotista y abusador, que han heredado como un bien familiar una parte importante de las propiedades del Estado y, cada día trata de quedarse con la mejor tajada de lo que construye o invierte el gobierno con recursos de todos; y pretendiendo permanentemente apoderándose de lo poco que le queda al Estado dominicano. Yo sé que el presidente como empresario, que parece ser diferente, debe entender que esa clase se inserta a la política para facilitarle a su sector beneficiarse persistentemente de la “teta” del Estado, muchas veces en detrimento de las mayorías, que son los que más pagan impuestos y los que se perjudican de ese accionar.

El presidente debe cuidarse de ese sector empresarial que perfectamente entiende que el gobierno le pueda asegurar todas las posibles exenciones y “facilidades” para hacer sus negocios, financiamientos blandos del banco del Estado, leyes que les benefician y le aseguran todas las disposiciones que favorecen su sector, en fin, todas las facilidades para incrementar aún más sus riquezas.

Esos empresarios, que ahora le cambiaron el nombre a la privatización y le llaman alianza público-privada, donde el Estado hace las inversiones y pone todo, mientras ellos administran para llevarse las utilidades que se generen con esas inversiones, esos mismos son los que les niegan en tiempo de pandemia, la posibilidad a los empleados dueños del dinero que esta en manos de las AFPs y las ARS, mientras ellos se reparten unos beneficios exorbitantes por el manejo o la administración de esos fondos, empresarios que cuando debieron bajarse los beneficios, en contubernio con un Congreso corrupto y genuflexo, lo que hicieron fue aumentárselo.

Afectando a los trabajadores y negándole la oportunidad de resolver problemas familiares o de crear otras fuentes de ingresos que le ayude a elevar su calidad de vida.

Hay dos grandes problemas en este país: la avaricia y la pobreza y, es precisamente la oligarquía dominicana que lo quiere todo, la que tiene gran parte de la culpa de la pobreza de muchos dominicanos. Aunque ellos le quieran endilgar la culpa de la pobreza solo a los políticos corruptos que, también son culpables, y que hay formas de someterlos a la acción de la justicia. Sin embargo, hasta ahora, no tenemos manera alguna de logar que se haga justicia a los intocables empresarios corruptores.

Por otro lado, las buenas intenciones del presidente están afectadas por la imposibilidad de cumplirle a los de adentro de su partido, que se fajaron a trabajar para llegar con él al  poder, pero hoy esos compañeros suyo no tienen dolientes, por tener que darle los puestos en el gobierno a unos miembros de la llamada sociedad civil ( Cancillería, Procuraduría, Compra y Contrataciones, embajada de España, asesorías, entre otros), que si bien le apoyaron, no debieron ser su prioridad, por ser muy pocos para merecer tanto, aunque hagan mucho ruido mediático, no son los que suman votos.

 ¿Cree Luis Abinader que esa sociedad civil o ese empresariado realmente le va a apoyar siempre?

No presidente, no se engañe, porque esa sociedad civil no se la juega por nadie; son unos oportunistas que han buscado desde esas estructuras, una vía expedita para asaltar el poder, pero no garantizan lealtades ni compromisos reales. Muchos de ellos son enemigos del país, socios y beneficiarios de gobiernos extranjeros, que pretenden trazar las pautas e imponerle su agenda a la República Dominicana, sin pensar en el desarrollo y el mejoramiento de la calidad de vida de los dominicanos de a pie.

Hay algunos que pretenden, por ejemplo, desacreditar la inversión hecha en Punta Catalina, para lograr que luego le vendan a precio de cerdo con PPA esa planta, otros pretenden que le regalen Bahía de las Águilas, o los muelles, asociarse en proyectos con el sector público, supuestamente para inyectar capital, innovación y agilidad, con un marco institucional fuerte, pero luego eso se queda en los papeles y hacen que el Estado haga las inversiones, como en  la pasada privatización, y ellos se quedan con las empresas, si son rentables, y con los beneficios.

Ojalá el presidente Abinader, no se deje envolver por esos dos sectores (empresariado y sociedad civil), durante los tres próximos años, porque si lo hace, no podrá trabajar por los pobres de esta tierra, que era el deseo de su líder, José Francisco Peña Gómez y de su propio padre José Rafael, que siempre quiso apoyar a los que no tenían dolientes.