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LA PALABRA CADA DÍA
XXIX Semana. Tiempo Ordinario
(Feria o Memoria Libre: San Antonio María Claret, Obispo)
“Seamos servidores prestos para esperar a nuestro Señor preparados”
Martes, 24 de octubre del 2023
Color: VERDE o BLANCO
Primera lectura: Rom 5, 12.15b.17-19.20b-21
Lectura de la Carta de San Pablo a los Romanos
Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Si por culpa de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud. Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte, por culpa de uno solo. ¡Cuanto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación!
En resumen: si el delito de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida. Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos. Si creció el pecado, más desbordante fue la gracia. Y así como reinó el pecado, causando la muerte, así también, por Jesucristo, nuestro Señor, reinará la gracia, causando una justificación que conduce a la vida eterna.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 39,7-8a,8b-9.10.17
R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tú voluntad
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy”. R/.
«–Como está escrito en mi libro– para hacer tu voluntad”. Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. R/.
He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. R/.
Alégrense y gocen contigo todos los que te buscan; digan siempre: «Grande es el Señor» los que desean tu salvación. R/.
Evangelio: Lc 12, 35-38
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tengan ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Ustedes están como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; les aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.
Palabra del Señor
“Seamos servidores prestos para esperar a nuestro Señor preparados”
¿Cómo te ves con más frecuencia, como pecador o como justificado por la Sangre de Cristo?
Caí en cuenta de que mientras más consciente estaba de la gracia salvífica que Jesús ganó para nosotros, más fácil me resultaba aceptar el amor de Dios, y, con más naturalidad, paz y gozo me he acercado a Él.
Velar, aguardar, esperar, son verbos que describen la acción de estar pendiente de lo que suceda. Si asumimos esa actitud con la idea clara de que estamos justificados por la sangre del cordero será más fácil para nosotros aguardar el momento del encuentro con nuestro Creador.
La Biblia está llena de exhortaciones para que nos mantengamos en actitud continua de espera. No sabemos el día ni la hora, pero nos invita a estar preparados para el encuentro definitivo con Dios.
Mientras nos llega ese momento, que solo Dios conoce cuándo será, la invitación es anunciar la Buena Nueva, proclamar el Evangelio de Cristo, crecer en relación con Él, empoderarnos de la gracia salvadora con la que en amor debemos impregnar todo nuestro obrar.
Jesús ganó para nosotros la gracia y el amor del Padre. Apropiémonos de esa conquista que solo el Redentor pudo ganarnos y VIVAMOS COMO HIJOS DE LA GRACIA, llenos de gozo, paz, amor; en disposición de amar a Jesús en cada persona que encontremos, y, en especial en cada uno de los que conviven diariamente con nosotros.
Que suene siempre en nosotros la canción que dice que mi vida yo pondré en sus manos, para que suene su canción en mí, a su tiempo, a su hora, en su momento. Fieles al amor derramado por Dios a través del sacrificio de Cristo Jesús esperemos confiados en la providencia de nuestro Dios que es fiel.
Estas lecturas nos invitan a reflexionar sobre la gracia redentora de Jesucristo y cómo debemos responder a ella. Debemos reconocer que, a través de Jesús, hemos sido justificados y reconciliados con Dios. Esto nos llama a llevar una vida en obediencia, alegría y expectación, viviendo de acuerdo con la fe que profesamos y compartiendo el amor de Cristo con aquellos que nos rodean. Debemos estar preparados para el retorno de nuestro Señor, sabiendo que aquellos que permanezcan fieles recibirán la recompensa de la vida eterna.
Hermano, hermana, que no decaiga nuestra esperanza. Seamos servidores prestos para esperar a nuestro Señor preparados, listos para presentarnos ante Él con las mejores ofrendas, vestidos de santidad al vivir una vida conforme a sus mandamientos.
Hagamos la voluntad de Dios en nuestras vidas. Honremos al Señor con cada aspecto de nuestras vidas, actuaciones, pensamientos y acciones. VIVAMOS POR Y PARA EL SEÑOR, siendo testigos vivientes de su gracia redentora y amor inquebrantable.
(Guía Litúrgica)
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13)✍

