“El Señor busca corazones dispuestos y sinceros que le sirvan siempre con fe y humildad” (Lc 1, 39-56)

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LA PALABRA DEL DOMINGO

SOLEMNIDAD: ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA.

Color: BLANCO

15 de agosto de 2021

Primera lectura: Ap 11, 19a; 12, 1-a.10ab
Lectura del Libro del Apocalipsis
Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de la alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas.
Apareció en el cielo otra señal: Un enorme dragón de color rojo con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra.
El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz, dispuesto a tragarse al niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios.
Se oyó una gran voz en el cielo que decía: «Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo».

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 44,11,12ab.16
R/. De pie, a tu derecha, está la reina, enjoyada con oro de Ofir
Hijas de reyes salen a tu encuentro, de pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir. R/.
Escucha, hija, mira: inclina el oído, olvida tu pueblo y la casa paterna; prendado está el rey de tu belleza: póstrate ante él, que él es tu señor. R/.
Las traen entre alegría y algazara, van entrando en el palacio real. R/.

Segunda lectura: I Cor 15, 20-27a
Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios
Hermanos: Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

Palabra de Dios

Evangelio: Lc 1, 39-56
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
Por aquellos días, María se puso en camino y fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su seno. Entonces Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó a grandes voces: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Porque en cuanto oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. ¡Dichosa tú que has creído! Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».
María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí; su nombre es santo y su misericordia llena a sus fieles de generación en generación. El hace proezas con su brazo y dispersó a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despidió vacío. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, -como lo había prometido a nuestros padres-, en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».
María se quedó con Isabel unos tres meses; después volvió a su casa.

Palabra del Señor


“El Señor busca corazones dispuestos y sinceros que le sirvan siempre con fe y humildad” (Lc 1, 39-56)

Nos unimos fraternalmente a todos los pueblos y naciones que celebran en este día la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, misterio de nuestra fe por el que creemos que la madre de Jesús, una vez cumplida su misión en la tierra fue elevada en cuerpo y alma al cielo.
Lo que da inicio a este relato evangélico es la felicidad de María al visitar el hogar de su prima Isabel y su esposo Zacarías, ambos de avanzada edad, inundando aquel lugar con la presencia de Dios, luego de que el ángel le anunciara que su pariente estaba encinta de Juan Bautista y que también ella lo estaba por obra y gracia del Espíritu Santo.
El piropo de Isabel cuando ella llega “dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”. Dichosa tú porque te has fiado de Dios, porque eres todo servicio, humildad, generosidad, que se pone en camino aun sabiéndose la bendita entre todas las mujeres, saliendo de sí misma para ponerse a disposición de su pariente y cuidar de ella durante tres meses. Y he aquí que con su Magnificat, María daba alabanzas a Dios porque el Santo Espiritu se volcó en ella convirtiéndola en sagrario viviente.
El Magnificat exalta la santidad de Dios y su misericordia, nos muestra a Dios como el defensor de los pobres, los oprimidos y despreciados. La salida de ella a la casa de Isabel nos indica que también nosotros debemos salir en busca de los demás, haciendo un poco mejor su vida; así como María llevaba ya en su seno al Salvador, nosotros también tenemos la misión de llevar a los demás la salvación.
El Señor busca corazones dispuestos y sinceros que le sirvan siempre con fe y humildad. Dichosos pues, cada uno de nosotros, felices y exultantes de gozo cuando realmente creemos la Palabra salvadora de nuestro Dios, esa que dentro de María se encarna en la historia humana. Ojalá que de nosotros, confiados en las promesas de Dios y en que Él es fiel siempre, se pueda decir: Dichoso tú porque has creído.

“Que el Dios de la Vida te colme con su alegría y con su paz y te conceda la salud” ✍