“Dios se manifiesta en la sencillez de la vida” (Mt 13, 31-35)

Loading

LA PALABRA DIARIA

Lunes, XVII Semana del Tiempo Ordinario

Memoria Obligatoria: San Joaquín y Santa Ana, Padres de la Virgen María

Color: BLANCO

26 de julio de 2021

Primera lectura: Ex 32,15-24.30-34
Lectura del Libro del Éxodo

En aquellos días, Moisés se volvió y bajó del monte con las dos tablas de la alianza en la mano. Las tablas estaban escritas por ambos lados; eran hechura de Dios y la escritura era escritura de Dios grabada en las tablas.
Al oír Josué el griterío del pueblo dijo a Moisés: Se oyen gritos de guerra en el campamento. Contestó él: «No es grito de victoria, no es grito de derrota, que son cantos lo que oigo».
Al acercarse al campamento y ver el becerro y las danzas, Moisés, enfurecido, tiró las tablas y las rompió al pie del monte. Después agarró el becerro que habían hecho, lo quemó y lo trituró hasta hacerlo polvo, que echó en agua, haciéndoselo beber a los israelitas. Moisés dijo a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo para que nos acarreases tan enorme pecado? Contestó Aarón: No se irrite mi señor. Sabes que este pueblo es perverso. Me dijeron: haznos un Dios que vaya delante de nosotros, pues a ese Moisés que nos sacó de Egipto no sabemos qué le ha pasado. Yo les dije: quien tenga oro que se desprenda de él y me lo dé; yo lo eché al fuego y salió este becerro.
Al día siguiente Moisés dijo al pueblo: Han cometido un pecado gravísimo; pero ahora subiré al Señor a expiar su pecado. Volvió, pues, Moisés al Señor y le dijo: Este pueblo ha cometido un pecado gravísimo haciéndose dioses de oro. Pero ahora, o perdonas su pecado o me borras del libro de tu registro.
El Señor respondió: Al que haya pecado contra mí lo borraré del libro. Ahora ve y guía a tu pueblo al sitio que te dije: mi ángel irá delante de ti; y cuando llegue el día de la cuenta, les pediré cuentas de su pecado.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 105,19-20.21-22.23
R/. “Den gracias al Señor porque es bueno”

En Horeb se hicieron un becerro, adoraron un ídolo de fundición; cambiaron su gloria por la imagen de un toro que come hierba. R/.
¡Se olvidaron de Dios, su salvador, que había hecho prodigios en Egipto! Maravillas en el país de Cam, portentos junto al mar Rojo. R/.
Dios hablaba ya de aniquilarlos, pero Moisés, su elegido, se puso en la brecha frente a él, para apartar su cólera del exterminio. R/.

Evangelio: Mt 13,31-35
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.
Les dijo otra parábola: El Reino de los Cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente.
Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas, y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.

Palabra del Señor


“Dios se manifiesta en la sencillez de la vida” (Mt 13, 31-35)

Son muchas las ofertas que diariamente nos ofrece el mundo. Nos deslumbramos por las hermosas casas, carros, televisiones, equipos de música, computadores, en fin, por lo material. Nos desesperamos cuando no podemos obtener lo que deseamos. Por las tantas ofertas a veces nos olvidamos del verdadero camino que conduce hacia la felicidad. Otras veces nos desesperamos, cansamos o angustiamos cuando nos dejamos invadir por las incertidumbres y problemas. Hoy, el pueblo del Éxodo se desespera y se deja seducir por el camino de la idolatría.
Moisés sube al monte y parece que nunca bajará. El calor y la dureza del desierto crean incertidumbre y desesperación en una comunidad quejosa y criticona. Parece haberse olvidado que su Dios le ha liberado de una esclavitud de más de cuatrocientos años. Al dilatarse Moisés en bajar del monte, el pueblo construye un becerro de oro y deposita su fe y esperanza en otro dios. Yahvé es desplazado por el oro del ídolo y el liderazgo y confianza en Moisés es puesto a prueba. A pesar que, otra vez el pueblo le ha dado las espaldas a Dios, “Moisés, su elegido, se puso en la brecha frente a él (Dios), para apartar su cólera del exterminio.” Dios escucha y perdona.
Muchos somos los que a veces nos vamos olvidando o enfriando en nuestro caminar por el desierto. Nos vamos alejando de la buena noticia atraídos por falsas imágenes de otros dioses. Nos dejamos seducir por los “becerros de oro” y construimos nuestros propios dioses a nuestra medida. Construimos dioses que castigan, que son milagreros, que nos llaman hacia “evangelios de la prosperidad” o que nos proponen curaciones y milagros a cambio de diezmos.
Dios se manifiesta en la sencillez de la vida y, sin darnos cuenta, va creciendo día a día cuando se lo permitimos. Mediante la oración, la Eucaristía, los sacramentos y nuestras buenas acciones el mensaje va germinando y propagándose entre nosotros y entre nuestras comunidades. No necesitamos de “becerros de oro” ni de los ídolos que nos vamos creando en la cabeza. Simplemente dejémonos seducir por la levadura del amor, de la compasión y del perdón del Dios de Moisés y de Jesús. Encontremos el “oro” que reside en las pequeñas cosas de la vida y así nunca nos dejaremos encantar por los “becerros de oro” que nos oferta este mundo.

(Guía mensual)

“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén” ✍