“El Señor nos llama a todos, de una manera u otra, a cuidar sus ovejas” (Jn 21, 15-19)

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LA PALABRA DIARIA

Viernes, VII Semana de PASCUA

Memoria Libre: San Cristóbal Magallanes, Presbítero y Compañeros Mártires

Color: BLANCO o ROJO

21 de mayo de 2021

Primera Lectura: Hc 25,13-21
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
En aquellos días, el rey Agripa llegó a Cesárea con Berenice para cumplimentar a Festo, y se entretuvieron allí bastantes días. Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole: «Tengo aquí un preso, que ha dejado Félix. Cuando fui a Jerusalén, los sumos sacerdotes y los ancianos judíos presentaron acusación contra él, pidiendo su condena. Les respondí que no es costumbre romana condenar a un hombre por las buenas; primero el acusado tiene que carearse con sus acusadores, para que tenga ocasión de defenderse. Vinieron conmigo a Cesárea, y yo, sin dar largas al asunto, al día siguiente me senté en el tribunal y mandé traer a este hombre. Pero, cuando los acusadores tomaron la palabra, no adujeron ningún cargo grave de los que yo suponía; se trataba sólo de ciertas discusiones acerca de su religión y de un difunto llamado Jesús, que Pablo sostiene que está vivo. Yo, perdido en semejante discusión, le pregunté si quería ir a Jerusalén a que lo juzgasen allí. Pero, como Pablo ha apelado, pidiendo que lo deje en la cárcel, para que decida su majestad, he dado orden de tenerlo en prisión hasta que pueda remitirlo al César.»

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 102, 1-2.11-12.19-20ab
R/. El Señor puso en el cielo su trono
Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. R/.
Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos. R/.
El Señor puso en el cielo su trono, su soberanía gobierna el universo. Bendigan al Señor, ángeles suyos, poderosos ejecutores de sus órdenes. R/.

Evangelio: Jn 21,15-19
Lectura del Santo Evangelio según San Juan
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Jesús le dice: «Apacienta mis corderos.» Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Él le dice: «Pastorea mis ovejas.» Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro que le preguntara por tercera vez si lo quería y le dijo «Señor, Tú conoces todo, tú sabes que te quiero.» Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.» Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme.»

Palabra del Señor


“El Señor nos llama a todos, de una manera u otra, a cuidar sus ovejas” (Jn 21, 15-19)

En estos días hemos estado celebrando la Ascensión a los Cielos de nuestro Señor Jesucristo, donde se encuentra a la derecha del Padre.
La Iglesia quedaba bajo la dirección, como cabeza visible, de Simón Pedro, el primer Papa de la Iglesia. A ese discípulo Jesús encomienda el rebaño para que lo cuidara hasta con su propia vida si fuera necesario, como más tarde sucedió con Pedro y Pablo los cuales fueron crucificados y decapitados respectivamente por Nerón en Roma.
Después de la resurrección, estando a orillas del mar de Tiberíades, Jesús le pregunta “tres” veces: ¿Simón, hijo de Juan, me amas?, ¿Simón, hijo de Juan, me amas?, ¿Simón Pedro, hijo de Juan, me amas? Pedro había contestado a las dos primeras preguntas de Jesús: Sí, Señor, tú sabes que te quiero y ante la tercera pregunta Pedro confiesa: Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te quiero.
El Señor nos llama a todos, de una manera u otra, a cuidar sus ovejas; a curar las heridas, a buscar las perdidas, a alimentar las hambrientas y sedientas, y a proteger las que están en peligro. Puede que seamos pastores como padres, como hermanos mayores o como líderes de algún grupo familiar, laboral, comunitario o de amigos. Cualquiera que sea el lugar donde Dios nos pida que le sirvamos, necesitamos ser sanados por su amor misericordioso y tener el corazón dispuesto generoso para actuar como Él quiere de nosotros.
Vayamos confiados al sacramento de la confesión y con corazón contrito y sincero pidamos al Señor que, a través de sus ministros, perdone nuestras infidelidades y restaure nuestra amistad con Él y así podremos servir a nuestros hermanos con amor y misericordia.

(Guía Mensual)

“Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu”✍