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LA PALABRA CADA DÍA
XXXIV Semana. Tiempo Ordinario
“Vivir con esperanza y confianza”
Martes, 25 de noviembre del 2025
Color: VERDE o ROJO
Primera lectura: Dn 2,31-45
Lectura del Profeta Daniel
En aquellos días, dijo Daniel a Nabucodonosor: «Tú, rey, viste una visión: una estatua majestuosa, una estatua gigantesca y de un brillo extraordinario; su aspecto era impresionante. Tenla la cabeza de oro fino, el pecho y los brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce, las piernas de hierro y los pies de hierro mezclado con barro. En tu visión, una piedra se desprendió sin intervención humana, chocó con los pies de hierro y barro de la estatua y la hizo pedazos. Del golpe, se hicieron pedazos el hierro y el barro, el bronce, la plata y el oro, triturados como tamo de una era en verano, que el viento arrebata y desaparece sin dejar rastro. Y la piedra que deshizo la estatua creció hasta convertirse en una montaña enorme que ocupaba toda la tierra.
Éste era el sueño; ahora explicaremos al rey su sentido: Tú, majestad, rey de reyes, a quien el Dios del cielo ha concedido el reino y el poder, el dominio y la gloria, a quien ha dado poder sobre los hombres, dondequiera que vivan, sobre las bestias del campo y las aves del cielo, para que reines sobre ellos, tú eres la cabeza de oro. Te sucederá un reino de plata, menos poderoso. Después un tercer reino, de bronce, que dominará todo el orbe.
Vendrá después un cuarto reino, fuerte como el hierro. Como el hierro destroza y machaca todo, así destrozará y triturará a todos. Los pies y los dedos que viste, de hierro mezclado con barro de alfarero, representan un reino dividido; conservará algo del vigor del hierro, porque viste hierro mezclado con arcilla.
Los dedos de los pies, de hierro y barro, son un reino a la vez poderoso y débil. Como viste el hierro mezclado con la arcilla, así se mezclarán los linajes, pero no llegarán a fundirse, lo mismo que no se puede alear el hierro con el barro. Durante ese reinado, el Dios del cielo suscitará un reino que nunca será destruido ni su dominio pasará a otro, sino que destruirá y acabará con todos los demás reinos, pero él durará por siempre; eso significa la piedra que viste desprendida del monte sin intervención humana y que destrozó el barro, el hierro, el bronce, la plata y el oro. Éste es el destino que el Dios poderoso comunica a su majestad. El sueño tiene sentido, la interpretación es cierta».
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: Daniel 3,57.58.59.60.61
R/. Ensálcenlo con himnos por los siglos
Creaturas todas del Señor, bendigan al Señor. R/.
Ángeles del Señor, bendigan al Señor. R/.
Cielos, bendigan al Señor. R/.
Todas las aguas del cielo bendigan al Señor. R.
Ejércitos del Señor, bendigan al Señor. R/.
Evangelio: Lc 21,5-11
Lectura de Santo Evangelio según San Lucas
En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: «Esto que contemplan, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido». Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?»
Él contestó: «Cuidado con que nadie los engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien “El momento está cerca”; no vayan tras ellos. Cuando oigan noticias de guerras y de revoluciones, no tengan pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida». Luego les dijo: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo».
Palabra del Señor
“Vivir con esperanza y confianza”
Existe una tendencia en el ser humano a vivir cada día buscando resolver su propia existencia, procurando depender cada vez menos del otro. En ese afán por la independencia, nos lanzamos a adquirir bienes, a acumular cosas que nos den seguridad y autosatisfacción. Pero en ese proceso olvidamos lo esencial: lo que de verdad da sentido a nuestra vida no está en lo que poseemos, sino en Aquél que nos sostiene y nos salva.
Nos cuesta vivir una vida simple, sin ataduras. Nos cuesta despojarnos de todo aquello que hemos guardado “por si acaso”. Incluso llegamos a dar un valor afectivo a objetos que, aunque no necesitamos, mantenemos por apego. Y este apego no se limita a lo material: también nos aferramos a personas, a trabajos, a estatus y a situaciones que nos atan el corazón y nos impiden estar disponibles para Dios.
Las lecturas de hoy nos invitan a abrir los ojos. En el libro de Daniel, Nabucodonosor contempla una gran estatua que representa los reinos humanos, fuertes y brillantes, pero frágiles en su base. Todos caen finalmente ante la piedra que es imagen del Reino de Dios, un Reino que no se destruye ni pasa, que no depende de los poderes de este mundo. Nosotros, como comunidad creyente, estamos llamados a confiar en ese Reino eterno y no en las seguridades pasajeras.
En el Evangelio, Jesús nos advierte con claridad. Nos invita a liberarnos de los apegos que nos distraen y nos alejan de su voz. Nos recuerda que pueden surgir falsos profetas que pretenden hablar en su nombre, y que no debemos dejarnos engañar. También nos advierte que habrá guerras, epidemias, terremotos y desastres. Pero nos dice algo muy importante: “el final no será enseguida”. Esto nos enseña a no vivir paralizados por el miedo ni obsesionados con el futuro.
Más bien, este tiempo de espera es un tiempo de perseverancia. Estamos llamados a resistir, a confiar, a mantenernos firmes en la fe, aun en medio de las pruebas. Es un tiempo de testimonio: de mostrar con nuestra vida que creemos en un Dios que no abandona, que permanece y que sostiene.
Como comunidad, hemos de aprender a despojarnos de lo que nos ata, para tener un corazón libre y dispuesto a Dios. Necesitamos caminar con la certeza que nuestra verdadera seguridad no está en lo que acumulamos, sino en el Señor que ha prometido permanecer con nosotros hasta el fin.
Que esta Palabra nos anime a vivir con esperanza y confianza. Que podamos, juntos, dar testimonio de fe en medio de los desafíos del mundo. Y que, en todo momento, nuestro canto sea como el del Salmo de hoy: “Criaturas todas del Señor, bendigan al Señor, ensálcenlo con himnos por los siglos”.
(Guía Litúrgica)
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍

