“Dios nos busca incansablemente, ofreciendo perdón y misericordia”

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LA PALABRA CADA DÍA

XIII Semana. Tiempo Ordinario

“Dios nos busca incansablemente, ofreciendo perdón y misericordia”

Lunes, 8 de julio del 2024

Color: VERDE

Primera Lectura: Os 2, 14-16.19-20
Lectura del Profeta Oseas

Así dice el Señor: «Yo la cortejaré, me la llevaré al desierto, le hablaré al corazón. Y me responderá allí como en los días de su juventud, como el día en que la saqué de Egipto. Aquel día -oráculo del Señor-, me llamará “Esposo mío”, no me llamará “Ídolo mío”. Me casaré contigo en matrimonio perpetuo, me casaré contigo en derecho y justicia, en misericordia y compasión, me casaré contigo en fidelidad, y te penetrarás del Señor».

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 144. 2-3.4-5.6-7.8-9
R/. El Señor es clemente y misericordioso

Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor, merece toda alabanza, es incalculable su grandeza. R/.
Una generación pondera tus obras a la otra y le cuenta tus hazañas; alaban ellos la gloria de tu majestad, y yo repito tus maravillas. R/.
Encarecen ellos tus temibles proezas, y yo narro tus grandes acciones; difunden la memoria de tu inmensa bondad, y aclaman tus victorias. R/.
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

Evangelio: Mt 9, 18-26
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un personaje que se arrodilló ante él y le dijo: «Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza, y vivirá». Jesús lo siguió con sus discípulos. Entretanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, pensando que, con sólo tocarle el manto, se curaría. Jesús se volvió, y al verla le dijo: «¡Ánimo, hija! Tu fe te ha curado». Y en aquel momento quedó curada la mujer. Jesús llegó a casa del personaje y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo: «¡Fuera! La niña no está muerta, está dormida». Se reían de él. Cuando echaron a la gente, entró él, cogió la niña de la mano, y ella se puso en pie. La noticia se divulgó por aquella comarca.

Palabra del Señor


“Dios nos busca incansablemente, ofreciendo perdón y misericordia”

La esencia de la primera lectura del profeta Oseas se centra en el amor eterno que Dios desea compartir con nosotros, un amor que se profundiza al adentrarnos en el silencio y la soledad para experimentar su presencia abrumadora y apasionada.
A través de la historia, la fidelidad de Dios hacia su pueblo ha sido constante, incluso frente a las innumerables veces que Israel rompió sus promesas. Dios nos busca incansablemente, ofreciendo perdón y misericordia, levantándonos y animándonos a perdonarnos a nosotros mismos en un camino que culmina en la unión eterna con Él en la nueva Jerusalén.
Este pasaje nos recuerda que no debemos percibir a Dios como una entidad distante, sino más bien como un compañero íntimo, cambiando la denominación de "ídolo" por "esposo". La crítica a la percepción que la fe no requiere de religiosidad por parte de algunas corrientes cristianas se contrarresta con el argumento que la esencia de "religión" es, de hecho, "relación". Sin una conexión personal con Dios, y sin vivir en comunidad como parte del cuerpo místico de Cristo, sería difícil navegar los desafíos del mundo.
El Evangelio complementa esta enseñanza con ejemplos de fe y obediencia extraordinarias. La mujer con hemorragias, aislada y desesperanzada tras años de sufrimiento y rechazo, encuentra sanación simplemente tocando el manto de Jesús, demostrando una fe profunda y valiente. Jesús la sana, afirmando que su fe ha sido la clave de su curación. Del mismo modo, la historia del hombre que ruega a Jesús que salve a su hija recién fallecida ilustra una confianza sobrenatural en el poder de Jesús para devolver la vida, subrayando que nuestra fe puede llevarnos más allá del entendimiento humano y de la aceptación social.
Estos relatos enfatizan que la verdadera fe puede enfrentar burlas y juicios, pero solo necesitamos escuchar y confiar en Dios, quien reafirma y valida nuestra fe con actos de amor y poder. Al final, la fe nos lleva a presenciar milagros: la restauración de la vida y la sanación, testimonios del amor inagotable y la misericordia de Dios hacia nosotros.

(Guía Litúrgica)

“Que la gracia y la paz de Dios Padre y de Jesucristo, el Señor y la fuerza del Espíritu Santo inunden la vida de cada uno de nosotros”✍