“Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará”

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LA PALABRA CADA DÍA

IV Semana de Pascua

“Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará”

Lunes, 27 de abril de 2026

Color: BLANCO

Primera Lectura: Hch 11,1-18
Lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles

En aquellos días, los apóstoles y los hermanos de Judea se enteraron de que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. Cuando Pedro subió a Jerusalén, los partidarios de la circuncisión le reprocharon: «Has entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos».
Pedro entonces se puso a exponerles los hechos por su orden: «Estaba yo orando en la ciudad de Jafa, cuando tuve en éxtasis una visión: Algo que bajaba, una especie de toldo grande, cogido de los cuatro picos, que se descolgaba del cielo hasta donde yo estaba. Miré dentro y vi cuadrúpedos, fieras, reptiles y pájaros. Luego oí una voz que me decía: “Anda, Pedro, mata y come”. Yo respondí: “Ni pensarlo, Señor; jamás ha entrado en mi boca nada profano o impuro”. La voz del cielo habló de nuevo: “Lo que Dios ha declarado puro, no lo llames tú profano”. Esto se repitió tres veces, y de un tirón lo subieron todo al cielo.
En aquel preciso momento se presentaron, en la casa donde estábamos, tres hombres que venían de Cesarea con un recado para mí. El Espíritu me dijo que me fuera con ellos sin más. Me acompañaron estos seis hermanos, y entramos en casa de aquel hombre. Él nos contó que había visto en su casa al ángel que, en pie, le decía: “Manda recado a Jafa e invita a Simón Pedro a que venga; lo que te diga te traerá la salvación a ti y a tu familia”.
En cuanto empecé a hablar, bajó sobre ellos el Espíritu Santo, igual que había bajado sobre nosotros al principio; me acordé de lo que había dicho el Señor: “Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados con Espíritu Santo.” Pues, si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponerme a Dios?».
Con esto se calmaron y alabaron a Dios diciendo: «También a los gentiles les ha otorgado Dios la conversión que lleva a la vida».

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 41,2-3;42,3-4
R/. Mi alma tiene sed de ti, Dios vivo

Como busca la cierva corriente de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R/.
Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen y me conduzcan hasta tu monte santo, hasta tu morada. R/.
Que yo me acerque al altar de Dios, al Dios de mi alegría; que te dé gracias al son de la cítara, Dios, Dios mío. R/.

Evangelio: Jn 10,1-10
Lectura del Santo Evangelio según San Juan

En aquel tiempo, dijo Jesús: «Les aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por su nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos: pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entra por mí, se salvará, y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago: yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

Palabra del Señor


“Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará”

“Dios no tiene preferencias, solo tiene hijos”. Esta verdad ilumina las lecturas de hoy. El Señor no excluye, no levanta muros, no limita su amor. Al contrario, los derriba para que su Espíritu actúe con libertad.
Pedro lo experimenta de manera impactante. Recibe una visión en la que Dios le muestra que no debe llamar impuro a lo que Él ha purificado. Aquello desafía su mentalidad religiosa y cultural. Sin embargo, obedece. Entra en la casa de un gentil, comparte la mesa y presencia algo sorprendente: el Espíritu Santo desciende también sobre quienes no pertenecían al pueblo elegido por nacimiento.
Ese gesto rompe esquemas. Incomoda. Pero también revela el corazón de Dios. La salvación no es un privilegio exclusivo; es un don ofrecido a todos los que creen. Los gentiles son acogidos como hijos, y la comunidad de Jerusalén, después de su desconcierto inicial, termina glorificando a Dios por su misericordia. Cuando Dios amplía el círculo, la Iglesia aprende a ensanchar el corazón.
Hoy el Señor nos invita a revisar nuestras fronteras interiores. ¿A quién excluimos? ¿Qué prejuicios mantenemos? Él nos llama a no cerrar puertas, a no condenar con ligereza, a no etiquetar. Nos invita a acoger, escuchar y comprender. El amor de Dios siempre es más grande que nuestros límites.
El Evangelio refuerza esta imagen. Jesús se presenta como la puerta del aprisco. No es un muro, es una entrada segura. “Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará”. Él no viene a robar ni a destruir, sino a dar vida en abundancia. Cristo es el puente entre Dios y el hombre, entre el pecador y el perdón, entre el rechazado y el amado. En Él encontramos seguridad y pastos abundantes.
El salmo expresa esa búsqueda profunda: “Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío”. Todos tenemos sed de sentido, de verdad, de amor auténtico. Esa sed no se calma con exclusiones ni divisiones, sino con la luz y la verdad que conducen a la presencia viva del Señor.
Dios sigue abriendo puertas. Sigue llamándonos a ensanchar el corazón. Hoy te invita a ser comunidad de acogida, de misericordia y de vida abundante. Confía en su amor sin límites. Permite que su Espíritu derribe tus barreras. Y conviértete tú también en puerta abierta para los demás.

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍