“Yo mismo iré a sanarlo”.

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LA PALABRA CADA DÍA

I Semana. Tiempo de Adviento

“Yo mismo iré a sanarlo”

Lunes, 28 de noviembre del 2022

Color: MORADO

Primera lectura: Is 2, 1-5
Lectura del Libro de Isaías

Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén: Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos. Dirán: «Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor. Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos.
De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, ven; caminemos a la luz del Señor.

Palabra de Dios ´

Salmo Responsorial: 121, 1-2.4-5.6-7.8-9
R/. Vamos alegres a la casa del Señor

¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén. R/.
Allá suben las tribus, las tribus del Señor. Según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David. R/.
Deseen la paz a Jerusalén: «Vivan seguros los que te aman, haya paz dentro de tus muros, seguridad en tus palacios». R/.
Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: «La paz contigo». Por la casa del Señor, nuestro Dios, te deseo todo bien. R/.

Evangelio: Mt 8, 5-11
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho».
Le contestó: «Voy yo a curarlo». Pero el centurión le replicó: «Señor, ¿Quién soy yo para que entres bajo mi techo? Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: "Ve", y va; al otro: "Ven", y viene; a mi criado: "Haz esto", y lo hace».
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «En verdad les digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Les digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos».

Palabra del Señor


“Yo mismo iré a sanarlo”

Jesús aprovecha la circunstancia del encuentro con el centurión para decirles a los judíos su falta de fe, y hoy a nosotros, nos puede suceder algo parecido cuando no valoramos los medios de salvación que el Señor nos ofrece a través de la Iglesia.
El ejemplo de este centurión, que era pagano, superó la fe del pueblo que acompañaba a Jesús. ¿Y nosotros, que nos decimos creyentes, nos damos cuenta que a veces somos superados en la fe por otros hermanos que no se dicen ser practicantes o católicos?
Otro ejemplo que destaca este Evangelio: el enfermo no era familiar del centurión, era su sirviente; pero el centurión se preocupa por su salud. Este ejemplo nos dice hoy que la caridad no debe tener límite, debe ser entregada por igual a todos los hombres, sin importar su condición social, si es rico o pobre, si es niño, joven o anciano. Es decir, que en nuestro amor a los demás, especialmente hasta con aquellos que nos ayudan día a día, jamás se debe preguntar quién es el que sufre, sino actuar como lo hizo Jesús.
No nos consideremos mejores que los demás, no nos sintamos superiores que otros; aprendamos de la sencillez y preferencia de Jesús por los que sufren y los más pobres y necesitados. Es decir, nunca le cerremos nuestro corazón a ningún necesitado. La fe exige sacrificio, dedicación de sí mismo y aceptación total a Dios. Jesús siempre se acerca a los que suplican. Aquí la excede. No sólo ofreció curarlo, sino también ir a su casa, diciéndole: “Yo mismo iré a sanarlo”, a fin de enseñarnos que no debemos complacer a los grandes y despreciar a los pequeños.
Como este centurión, que gracias a su fe obtuvo del Señor Jesús ese milagro de la curación de uno de sus hombres, no le cerremos a Él ese deseo de poner sus manos en nosotros por nuestra falta de fe.

(Guía Mensual)

“Que el Dios de la vida y dador de vida te cubra con su alegría y con su paz”✍