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LA PALABRA CADA DÍA
Viernes Santo de la Pasión del Señor
Color: ROJO
Viernes, 18 de abril del 2025
Primera Lectura: Is 52, 13-53,12
Lectura del Libro de Isaías
Miren, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito. ¿Quién creyó nuestro anuncio? ¿A quién se reveló el brazo del Señor? Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza.
Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado, pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes.
Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados, y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca.
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación; verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 30, 2.6.12-13.15-16.17 y 25
R/. Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu
A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado; tú, que eres justo, ponme a salvo. A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás. R/.
Soy la burla de todos mis enemigos, la irrisión de mis vecinos, el espanto de mis conocidos; me ven por la calle, y escapan de mí. Me han olvidado como a un muerto, me han desechado como a un cacharro inútil. R/.
Pero yo confío en ti, Señor, te digo: «Tú eres mi Dios”. En tu mano están mis azares; líbrame de los enemigos que me persiguen. R/.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia. Sean fuertes y valientes de corazón, los que esperan en el Señor. R/.
Segunda Lectura: Heb 4, 14-16;5,7-9
Lectura de la Carta a los Hebreos
Hermanos: Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un sumo sacerdote grande, que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado. Por eso, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente. Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.
Palabra de Dios
Evangelio: Juan 18, 1-40;19,1-42
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Juan
C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.» Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.
Palabra del Señor
“A gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas”
El Viernes Santo es el día en que la cruz nos revela el amor infinito de Dios. No es solo un día de duelo, sino de contemplación y gratitud. En la cruz, Cristo toma nuestro lugar y nos devuelve la vida. Su sacrificio nos invita a mirar más allá del sufrimiento inmediato y a descubrir en Él la manifestación suprema del amor de Dios por la humanidad.
La profecía de Isaías (52,13–53,12) nos muestra al Siervo Sufriente, una imagen que se cumple en Jesús. “Fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes”. Su sacrificio nos recuerda que el amor verdadero es entrega. No hubo gloria humana en su camino al Calvario, pero sí una gloria más grande: la del amor que se dona sin medida. La cruz, que a los ojos del mundo es signo de derrota, se convierte en el mayor símbolo de victoria para los que creen, pues a través de ella se nos concede la salvación.
El Salmo 30 expresa el grito de quien, en el dolor, confía en Dios. Jesús lo hace suyo en la cruz al decir: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”. Este salmo nos invita a confiar en Dios incluso en los momentos más oscuros, sabiendo que su misericordia nunca nos abandona. En la cruz, Cristo nos enseña que el sufrimiento no es el final, sino un camino hacia la resurrección y la vida nueva. Cada lágrima derramada con fe es transformada en semilla de esperanza, porque Dios siempre tiene la última palabra.
La Carta a los Hebreos (4,14-16; 5,7-9) nos muestra a Cristo como el Sumo Sacerdote que comprende nuestras debilidades porque Él mismo las vivió. “A gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas”. Jesús no evitó el sufrimiento, lo abrazó por amor. Su obediencia nos enseña que, en la cruz, el dolor se transforma en redención. Nos recuerda que, aunque pasemos por pruebas, nunca estamos solos, pues tenemos en Cristo a un intercesor que comprende nuestras luchas y nos fortalece con su gracia.
El Evangelio de Juan (18,1–19,42) nos sumerge en la Pasión de Cristo. Lo vemos entregar su vida con humildad y valentía. En la cruz, antes de expirar, pronuncia palabras de amor y esperanza: “Mujer, ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre” (Jn 19,26-27). En ese momento, nos entrega a María como Madre, dándonos un refugio de amor. Luego, con su última declaración, sella la victoria de la cruz: “Todo está cumplido” (Jn 19,30).
Cristo no muere vencido, sino habiendo consumado su misión. La cruz es el trono donde reina el amor. Que este Viernes Santo nos impulse a la entrega, al perdón y a la esperanza. La cruz no es el final, sino el camino hacia la vida eterna.
(Guía Mensual)
“Que el espíritu de Dios nos ayude a responder dócilmente a su llamado penitencial, y que su gracia Salvadora esté siempre con todos ustedes” ✍

