“Viene el que puede más que yo”: La palabra del domingo, aquí 👇

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LA PALABRA DEL DOMINGO

Fiesta del Bautismo del Señor

“Viene el que puede más que yo”

Color: BLANCO

Domingo, 9 de enero de 2022

Primera Lectura: Is 42, 1.4.6-7
Lectura del libro de Isaías

Así dice el Señor: «Miren a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.»

Palabra de Dios

Salmo responsorial: 28,1-4. 9b-10 : R/. El Señor bendice a su pueblo con la paz

Hijos de Dios, aclamen al Señor, aclamen la gloria del nombre del Señor, póstrense ante el Señor en el atrio sagrado. R/.
La voz del Señor sobre las aguas, el Señor sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica. R/.
El Dios de la gloria ha tronado. En su templo un grito unánime: «¡Gloria!» El Señor se sienta por encima del aguacero, el Señor se sienta como rey eterno. R/.

Segunda Lectura: Hec 10,34-38
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: «Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos. Conocen lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.»

Palabra de Dios

Evangelio: Lc 3, 15-16.21-22
Lectura del santo evangelio según san Lucas
En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos:
—«Yo los bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego».
En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: — «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto».

Palabra del Señor


“Viene el que puede más que yo”

¿Tenía Jesús necesidad de ser bautizado? Esta es una pregunta que surge cada vez que leemos el bautizo de Jesús en el Jordán. Jesús se coloca en la fila para ser bautizado y participa del gesto del pueblo aceptando un “bautismo de conversión para el perdón de los pecados”. Con este gesto se sitúa dentro de los pecadores sin jamás obrar en o desde el mal. Participó, pues, en el destino de la humanidad pecadora pero no participó en modo alguno en el pecado humano.
En el Evangelio de Lucas podemos escuchar la “voz del cielo” y afirmar la condición real del “Hijo, el amado, el predilecto”. Se nos invita a descubrir ese misterio de manera personal. Estamos en presencia del hijo amado. Tú también eres “hijo amado”. Para ti la oportunidad existe todos los días que se abra el cielo y descienda el Espíritu Santo y la voz del Padre para que sientas su amor eterno.
Es de vital importancia que durante el año podamos abrirnos a la presencia de Dios mediante la oración. Es en este contexto que descubrimos que el Mesías está con nosotros y que podemos confirmar que “viene el que puede más que yo”. Es el Mesías quien llevará a través de nosotros la restauración del pueblo de Dios y quien manifestará su triunfo con el poder del amor y del servicio que provienen de la soberanía del Dios-Padre.
Con el descenso del Espíritu Santo sobre Jesús, se inicia una nueva creación y todos somos parte del pueblo de Dios. Reconozcamos a ese Jesús Mesías y pidamos, pues, al Eterno Padre nos de la gracia de sentirnos comprometidos y partícipes de este gran proyecto que se encarnó en Jesús. Una encarnación que muere y resucita por amor y que abre las puertas del cielo para todos. ¡Así sea!

“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén” ✍