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“Vengan a mí… y encontrarán descanso”

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“Vengan a mí… y encontrarán descanso”

LA PALABRA CADA DÍA

XV Semana. Tiempo Ordinario

“Vengan a mí… y encontrarán descanso”

Jueves, 16 de julio de 2026

Color: BLANCO

Primera lectura: Is 26,7-9.12.16-19
Lectura del Profeta Isaías

La senda del justo es recta. Tú allanas el sendero del justo; en la senda de tus juicios, Señor, te esperamos, ansiando tu nombre y tu recuerdo. Mi alma te ansía de noche, mi espíritu en mi interior madruga por ti, porque tus juicios son luz de la tierra, y aprenden justicia los habitantes del orbe.
Señor, tú nos darás la paz, porque todas nuestras empresas nos las realizas tú.
Señor, en el peligro acudíamos a ti, cuando apretaba la fuerza de tu escarmiento.
Como la preñada cuando le llega el parto se retuerce y grita angustiada, así éramos en tu presencia, Señor: concebimos, nos retorcimos, dimos a luz… viento; no trajimos salvación al país, no le nacieron habitantes al mundo.
¡Vivirán tus muertos, tus cadáveres se alzarán, despertarán jubilosos los que habitan en el polvo! Porque tu rocío es rocío de luz, y la tierra de las sombras parirá.

Palabra de Dios

O bien Za 2,14-17;TR Lc 1,46-47,48-49.50-51.52-53.54-55,Mt 12,46-50.

Salmo Responsorial: 101,13-14ab.15.16-18.19-21

R/. El Señor desde el cielo se ha fijado en la tierra

Tú permaneces para siempre, y tu nombre de generación en generación. Levántate y ten misericordia de Sión, que ya es hora y tiempo de misericordia. Tus siervos aman sus piedras, se compadecen de sus ruinas. R/.
Los gentiles temerán tu nombre, los reyes del mundo, tu gloria. Cuando el Señor reconstruya Sión, y aparezca en su gloria, y se vuelva a las súplicas de los indefensos, y no desprecie sus peticiones. R/.
Quede esto escrito para la generación futura, y el pueblo que será creado alabará al Señor: Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, desde el cielo se ha fijado en la tierra, para escuchar los gemidos de los cautivos y librar a los condenados a muerte. R/.

Evangelio: Mt 11,28-30
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, Jesús exclamó: «Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán su descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

Palabra del Señor


“Vengan a mí… y encontrarán descanso”

Hoy celebramos a Nuestra Señora del Carmen, madre y protectora, signo de cercanía y consuelo para el pueblo de Dios. Bajo esta advocación, la Iglesia reconoce a María como aquella que acompaña nuestro caminar, que nos cuida con ternura y nos conduce hacia su Hijo, Jesucristo. Ella es presencia materna en medio de las luchas, refugio en la dificultad y guía segura hacia la vida plena.
La Palabra de hoy se sitúa en ese mismo horizonte de esperanza. En ella contemplamos a un pueblo que busca a Dios en medio de la prueba, que lo anhela en la noche de la incertidumbre y reconoce que solo Él puede devolver la paz. No se trata de una paz superficial, sino de aquella que nace de la confianza plena, incluso cuando la vida parece estéril o sin fruto. Dios no abandona: Él escucha, nos mira desde el cielo y actúa en favor de quienes claman a Él.
En este contexto, resuena con fuerza la promesa que la vida vencerá. Aun cuando todo parezca terminado, Dios siempre tiene la última palabra; Él levanta, restaura y hace surgir vida donde parecía imposible. Esta esperanza fue vivida de manera singular por María, quien supo confiar plenamente en el Señor, incluso en sus momentos más oscuros.
El Evangelio nos revela el corazón de esta experiencia: «Vengan a mí… y encontrarán descanso». Cristo no solo nos ofrece su ayuda, sino que nos brinda su propia cercanía. Nos invita a apoyarnos en Él, a aprender de su mansedumbre y a descubrir que la vida, unida a Dios, se vuelve ligera incluso en medio de las cargas más pesadas.
La Virgen del Carmen es el modelo perfecto de este abandono confiado. Ella no retuvo nada para sí, sino que vivió enteramente abierta a la voluntad divina. Por eso, nos acompaña a cultivar su misma actitud: confiar, descansar en el Señor y caminar con esperanza. Su maternidad nos recuerda que jamás estaremos solos, que siempre hay un camino de regreso y un corazón maternal que intercede por nosotros.
En este itinerario de santidad que recorremos como Iglesia, se nos invita a dejarnos acompañar, a confiar con la sencillez de los hijos y a caminar juntos, sostenidos por la presencia de Dios. La sinodalidad se fortalece cuando reconocemos que avanzamos no solo con nuestras propias fuerzas, sino impulsados y sostenidos por la gracia.
Hoy, bajo el amparo de Nuestra Señora del Carmen, el Señor nos invita a acercarnos, a descansar en Él y a renovar nuestra fe. Porque quien se pone en sus manos, jamás se queda sin camino ni sin esperanza.

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍