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No creas que he de ahogarme en tu ternura,
ni que estoy rozando la instancia de la locura;
te amo más allá de los dictámenes de la razón;
mas sé que es inútil; pues tú no tienes corazón.
Me tienes cautivo en las alas de tu hermosura;
en el trayecto perfecto de tu efigie y tu cintura,
te llevas en el alma lo que guardo en la cabeza,
y te llevas en las entrañas mi alegría y mi tristeza.
Cautivaste en el regazo mi cariño más sentido,
las horas eternas que me mantienen confundido;
en el pecho te llevas los jazmines de mi huerto,
y resucita la conciencia el suicidio de tu muerto.

