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LA PALABRA DIARIA

Martes Santo
Color: MORADO
30 de marzo de 2021
Primera Lectura: Is 49,1-6
Lectura del libro de Isaías
Escúchenme, islas; atiendan, pueblos lejanos: El Señor me llamó desde el vientre materno, de las entrañas de mi madre, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: – «Tú eres mi siervo, Israel, por medio de ti me glorificaré».
Y yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas». En realidad, el Señor defendía mi causa, mi recompensa la custodiaba Dios. Y ahora dice el Señor, el que me formó desde el vientre como siervo suyo, para que le devolviese a Jacob, para que le reuniera a Israel; he sido glorificado a los ojos de Dios. Y mi Dios era mi fuerza:
- «Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 70,1-2.3-4a.5-6ab.15.17
R/. “Mi boca contará tu salvación, Señor”
A ti, Señor, me acojo: no quede yo derrotado para siempre; tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo, inclina a mí tu oído, y sálvame. R/.
Se tú mi roca de refugio, el alcázar donde me salve, porque mi peña y mi alcázar eres tú. Dios mío, líbrame de la mano perversa. R/.
Porque tú, Señor, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud. En el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno tú me sostenías. R/.
Mi boca contará tu justicia, y todo el día tu salvación. Dios mío, me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas. R/.
Evangelio: Jn 13,21-33.36-38
Lectura del santo evangelio según san Juan
En aquel tiempo, estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo: – «En verdad, en verdad les digo: uno de ustedes me va a entregar». Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.
Uno de ellos, el que Jesús tanto amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: – «Señor, ¿quién es?». Le contestó Jesús: – «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado». Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote.
Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: – «Lo que vas a hacer, hazlo pronto». Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.
Cuando salió, dijo Jesús: – «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con ustedes. Me buscarán, pero lo que dije a los judíos se lo digo ahora a ustedes: "Donde yo voy, ustedes no pueden ir"»
Simón Pedro le dijo: – «Señor, ¿a dónde vas?». Jesús le respondió: – «Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde». Pedro replicó: – «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti». Jesús le contestó: – «¿Con que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».
Palabra del Señor
“Traicionamos a Jesús cuando queremos hacer nuestra voluntad, no la suya” (Jn 13,21-33.36-38)
Imaginemos por un momento cuán grande debió ser la decepción de Jesús aquella noche. Él había elegido doce amigos, para que estuvieran con Él y luego enviarles a predicar; y después de estar con ellos, enseñarles, acogerlos y animarlos y resulta que uno de ellos le traiciona. Pero, aun así, Jesús no se opone, no pone resistencia, al contrario, le anima a que haga lo que tiene que hacer. Y esto lo hace porque Jesús tenía claro que Él había venido a cumplir la voluntad del Padre y que este trago amargo de la traición lo tenía que beber. Una vez más se pone de manifiesto que la invitación que te hace Jesús para seguirle no impide que caigas en las tentaciones, por eso el cristiano debe estar permanentemente en oración para fortalecer el vínculo de comunión con el Padre y evitar caer en las garras del demonio.
Ante el anuncio de Jesús de que uno de ellos le traicionaría, vienen las preguntas acerca de quién puede ser. Pedro, a quien Jesús le nombra cabeza de la iglesia, toma la iniciativa y con una señal le dice a Juan que le pregunte de quién se trata.
“…Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente”. Era de noche. Con su actitud Judas sale inmediatamente del cenáculo, es como si dijéramos que sale del espíritu de comunión en el que vivía antes de tomar la decisión de traicionar a Jesús. Era de noche, recordemos que el evangelista Juan juega mucho con los opuestos (Luz-tinieblas; cielo-tierra; noche-día). Al especificar que era de noche nos quiere decir que Judas ha pasado de ser hijo de luz a ser hijo de las tinieblas, que no hace la voluntad del Padre, sino que actúa conforme a sus intereses individualistas.
Al leer este pasaje bíblico casi siempre caemos en la tentación de juzgar y condenar la actitud de Judas, sin darnos cuenta que también nosotros traicionamos a Jesús con nuestras acciones. Traicionamos a Jesús cuando queremos hacer nuestra voluntad, no la suya; cuando no somos coherentes con lo que decimos y hacemos, cuando no ponemos nuestro granito de arena para que se haga visible el Reino de Dios aquí en la tierra, cuando nos volvemos indolentes ante la necesidad del hermano.
Procuremos hacer lo que a Él le agrada y aferrémonos a la oración para no caer en la tentación de traicionar a aquel que lo hizo todo por ti y por mí.
(Guía Mensual)
¡Feliz y bendecido día para usted y los suyos✍

