“Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz” (Lc 19, 41-44).

Loading

LA PALABRA DIARIA

Jueves, XXXIII Semana. Tiempo ordinario

Color: VERDE o BLANCO

18 de noviembre de 2021

Feria o Memoria Libre: Dedicación de las Basílicas de los Apóstoles San Pedro y San Pablo

Primera lectura: I Mac 2, 15-29
Lectura del Primer Libro de los Macabeos

En aquellos días, los funcionarios reales encargados de hacer apostatar por la fuerza llegaron a Modín, para que la gente ofreciese sacrificios, y muchos israelitas acudieron a ellos.
Matatías se reunió con sus hijos, y los funcionarios del rey le dijeron: «Eres un personaje ilustre, un hombre importante en este pueblo, y estás respaldado por tus hijos y parientes. Adelántate el primero, haz lo que manda el rey, como lo han hecho todas las naciones, y los mismos judíos, y los que han quedado en Jerusalén. Tú y tus hijos recibirán el título de amigos del rey, los premiarán con oro y plata y muchos regalos.»
Pero Matatías respondió en voz alta: «Aunque todos los súbditos del rey le obedezcan, apostatando de la religión de sus padres, y aunque prefieran cumplir sus órdenes, yo, mis hijos y mis parientes viviremos según la alianza de nuestros padres. ¡Dios me libre de abandonar la ley y nuestras costumbres! No obedeceremos las órdenes del rey, desviándonos de nuestra religión a derecha ni a izquierda.»
Nada más decirlo, se adelantó un judío, a la vista de todos, dispuesto a sacrificar sobre el ara de Modín, como lo mandaba el rey. Al verlo, Matatías se indignó, tembló de cólera y en un arrebato de ira santa corrió a degollar a aquel hombre sobre el ara. Y entonces él mismo mató al funcionario real, que obligaba a sacrificar, y derribó el ara. Lleno de celo por la ley, hizo lo que Pinjás a Zimrí, hijo de Salú.
Luego empezó a gritar a voz en cuello por la ciudad: «El que sienta celo por la ley y quiera mantener la alianza, ¡que me siga!». Después se echó al monte con sus hijos, dejando en el pueblo cuanto tenía.
Por entonces, muchos bajaron al desierto para instalarse allí, porque deseaban vivir santamente según su ley,

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 49, 1-2.5-6.14-15
R/. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

El Dios de los dioses, el Señor, habla: convoca la tierra de oriente a occidente. Desde Sión, la hermosa, Dios resplandece. R/.
«Congreguen a mis fieles, que sellaron mi pacto con un sacrificio.» Proclame el cielo su justicia; Dios en persona va a juzgar. R/.
«Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza, cumple tus votos al Altísimo e invócame el día del peligro: yo te libraré, y tú me darás gloria.» R/.

Evangelio: Lc 19, 41-44
Lectura del santo evangelio según san Lucas

En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando: «¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! Pero no: está escondido a tus ojos. Llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el momento de mi venida.»

Palabra del Señor


“Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz” (Lc 19, 41-44)

“El cielo nos libre de abandonar la ley y nuestras costumbres” -dijo Matatías a los funcionarios reales que fueron a ofrecerle títulos y riquezas a cambio de renegar sus creencias-. La corrupción y el chantaje político siempre han existido. Nuestra condición de fieles bautizados y creyentes nos hace profetas para anunciar el Reino de Dios y denunciar los actos contrarios a la Ley del Señor.
El salmo de hoy nos invita a seguir el buen camino si queremos ver la salvación de Dios.
En el evangelio vemos que Jesús siente los mismos sentimientos humanos que nosotros podamos experimentar. En esta ocasión, Jesús llora por Jerusalén, la cuidad del pueblo elegido, con quien Dios estableció su alianza. Desde hacía siglos había escogido a Abraham y a sus descendientes, confió a Moisés la misión de sacar al pueblo de la esclavitud, le dio un decálogo, le siguió con amor, le envió profetas y le preparó para la venida de su hijo.
Sin embargo, vino Jesús a este mundo y “¡los suyos no le recibieron!”.
La historia de Israel muy bien puede ser tu historia y la mía. El Señor pensó en cada uno de nosotros, nos hizo sus hijos adoptivos en el Bautismo; y no ha cesado de derramar gracias para que seamos santos. Sin embargo, somos fríos e insensibles a todos estos dones.
El pasaje de hoy es sorprendente. Por un lado, Jesús profetiza una realidad negativa de este mundo y por otro, llora por el presente y el futuro de un pueblo. Jesús ama su tierra. El enfrentamiento es consecuencia de no entender lo que conduce a la paz. “¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz!”.
A ti, hoy, te pregunto: ¿Qué te conduce a la paz? Detente un momento antes de seguir leyendo y piensa. Reflexiona y contéstate a ti mismo: ¿Fidelidad? ¿Bienestar económico? ¿Servicio al necesitado? ¿Unidad familiar? ¿Comprensión?… ¿Qué realmente te conduce a la paz?
Jesús se queja amargamente “porque no reconociste el momento de mi venida”. En ese contexto le habla al pueblo que no reconoció su venida mesiánica; pero también hoy nos habla a nosotros, que no reconocemos que nos llama, que está atento a nuestras necesidades… y nosotros muy ocupados en nuestro propio mundo de indiferencia.
¡Pidamos al Señor para que podamos permanecer firmes y reconocer su venida en el hermano necesitado y en el mismo seno de nuestro hogar, en nuestra FAMILIA! ¡Que al honrar a nuestro padre y a nuestra madre reconozcamos la presencia del mismo Dios en medio de nosotros, lo que nos trae paz!
¡Qué así sea!

(Guía mensual)

“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén” ✍