“Servir, sacrificarse, dar la vida, amar, todo eso cabe en el morir fecundo que propone Jesús” (Mc 17, 22-17)

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LA PALABRA DIARIA

Martes, XIX Semana. Tiempo ordinario

Color: ROJO

10 de agosto de 2021

Fiesta: San Lorenzo, Diácono y Mártir

Primera Lectura: II Cor 9, 6-10
Lectura de la segunda carta a los Corintios

Hermanos: El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra generosamente, generosamente cosechará. Cada uno dé como haya decidido su conciencia: no a disgusto ni por compromiso; porque al que da de buena gana lo ama Dios. Tiene Dios poder para colmarlos de toda clase de favores, de modo que, teniendo siempre lo suficiente, les sobre para obras buenas. Como dice la Escritura: «Reparte limosna a los pobres, su justicia es constante, sin falta.» El que proporciona semilla para sembrar y pan para comer les proporcionará y aumentará la semilla, y multiplicará la cosecha de su justicia.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 111,1-2.5-6.7-8. 9
R/. Dichoso el que se apiada y presta.
Dichoso quien teme al Señor y ama de corazón sus mandatos. Su linaje será poderoso en la tierra, la descendencia del justo será bendita. R/.
Dichoso el que se apiada y presta, y administra rectamente sus asuntos. El justo jamás vacilará, su recuerdo será perpetuo. R/.
No temerá las malas noticias, su corazón está firme en el Señor. Su corazón está seguro, sin temor, hasta que vea derrotados a sus enemigos. R/.
Reparte limosna a los pobres; su caridad es constante, sin falta, y alzará la frente con dignidad. R/.

Evangelio: Jn 12, 24-26
Lectura de santo Evangelio según san Juan

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Les aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará.»

Palabra del Señor


“Servir, sacrificarse, dar la vida, amar, todo eso cabe en el morir fecundo que propone Jesús” (Mc 17, 22-17)
La iglesia celebra hoy la fiesta de San Lorenzo, Diácono y Mártir. La legitimidad de las exigencias de Jesús radica en que Él las cumplió primero; en ese sentido, Él fue el grano de trigo que ha dado mucho fruto; se anonadó dando su vida, cargando sobre sus hombros los pecados de todos.
Lorenzo era uno de los siete diáconos de Roma, o sea, uno de los siete hombres de confianza del Sumo Pontífice. En el año 257, el emperador Valeriano publicó un decreto de persecución en el cual ordenaba que todo el que se declarara cristiano sería condenado a muerte.
Antes de ofrendar su vida, San Lorenzo vendió objetos de valor de la iglesia en que servía para darlo a los pobres y desvalidos, desatando la ira de la policía represiva al servicio del emperador Valeriano, quien pretendía apoderarse de estos tesoros para su provecho.
Con esa acción, el diácono San Lorenzo es el mejor ejemplo del grano de trigo que muere y da muchos frutos. Su muerte en una parrilla ardiente sirvió para la conversión de muchos en Roma, incluyendo autoridades.
Seguidor de Cristo, no vaciló en dar su vida por los demás. Vista desde esa perspectiva de desapego “la muerte es el comienzo de la inmortalidad”. Desde esta glorificación es que se nos invita a evitar que nuestra vida gire en torno nuestro, llenándola en cambio de la presencia de Dios y de servicio al otro. Abandonar la zona de confort para sacrificar tiempo y esfuerzo, no digamos ya dinero, en favor de causas sociales es un llamado para todo el que se llama cristiano.
Para muchos este mensaje de Jesús ha estado perdiendo significado progresivamente. No obstante, servir, sacrificarse, dar la vida, amar, todo eso cabe en el morir fecundo que propone Jesús. ¿Te atreverías a morir a ti mismo para dar muchos frutos? ¿a qué debes morir en ti mismo para poder dar la vida por los demás, a imitación de Jesús?

(Guía mensual)

“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén” ✍