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“Servir a los demás, por amor a Dios, es un honor, no una carga”.

LA PALABRA DE CADA DÍA

XXVII Semana. Tiempo Ordinario

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“Servir a los demás, por amor a Dios, es un honor, no una carga”

Color: BLANCO

Martes, 4 de octubre del 2022

Memoria Obligatoria: San Francisco de Asís

Primera lectura: Gál 1, 13-24
Lectura de la Carta de San Pablo a los Gálatas

Hermanos: Han oído hablar de mi conducta pasada en el judaísmo: con qué saña perseguía a la Iglesia de Dios y la asolaba, y me señalaba en el judaísmo más que muchos de mi edad y de mi raza, como partidario fanático de las tradiciones de mis antepasados.
Pero, cuando aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia se dignó revelar a su Hijo en mí, para que yo lo anunciara a los gentiles, en seguida, sin consultar con hombres, sin subir a Jerusalén a ver a los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, y después volví a Damasco. Más tarde, pasados tres años, subí a Jerusalén para conocer a Pedro, y me quedé quince días con él. Pero no vi a ningún otro apóstol, excepto a Santiago, el pariente del Señor. Dios es testigo de que no miento en lo que les escribo.
Fui después a Siria y a Cilicia. Las Iglesias cristianas de Judea no me conocían personalmente; sólo habían oído decir que el antiguo perseguidor predicaba ahora la fe que antes intentaba destruir, y alababan a Dios por causa mía.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 138, 1-3.13-14ab.14c-15
R/. Guíame, Señor, por el camino eterno

Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares. R/.
Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras. R/.
Conocías hasta el fondo de mi alma, no desconocías mis huesos. Cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra. R/.

Evangelio: Lc 10, 38-42
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.»
Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán».

Palabra del Señor


“Servir a los demás, por amor a Dios, es un honor, no una carga”

Jesús, invitado en el hogar de Betania, nos da una lección de humanidad: Él, que quería a la gente, se deja querer, porque las dos cosas son importantes. Rechazar las muestras de afecto, de Dios y de los demás, sería un grande error que nos impediría alcanzar la salvación. Marta y María son hermanas, no sólo se querían por ser hermanas, sino que ambas amaban a Jesús. Jesús amaba a Marta y a María, y a su hermano Lázaro, y nos ama a cada uno de nosotros.
En cierta ocasión dentro del seno de una familia numerosa, había algunos hermanos enemistados. Pero había dos hermanas que, aunque discutían, no estaban enemigas y se ayudaban y procuraban ayudar a sus otros hermanos. “Muchos han querido hacerme pelear con mi hermana, pero no lo han logrado ni lo van a lograr, pues cuando tengo alguna diferencia con ella le digo, aclárame esto que me han dicho. Y ella me dice lo que piensa y ya, ahí se resuelve todo”.
En el camino de la santidad no hay dos almas iguales. Todos procuramos amar a Dios, pero con estilo y personalidad propios, sin imitar a nadie. Nuestro modelo está en Cristo y la Virgen. ¿Te molesta la manera de tratar a Dios de otros? Intenta aprender de su piedad personal. Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude», le dijo Marta a Jesús. Servir a los demás, por amor a Dios, es un honor, no una carga. ¿Servimos con alegría, como la Virgen a su prima santa Isabel o en las bodas de Caná, o como Jesús, en el lavatorio de los pies en la Última Cena?
Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. En el ajetreo diario, en esos afanes que nos ocupan todo el tiempo, no perdamos la paz, ni el buen humor. Y para eso, cuidemos la presencia de Dios en nuestras vidas.
María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada. Dios desea que seamos felices. Que nuestra Madre del Cielo nos ayude a experimentar la alegría de la entrega.

(Guía Mensual)

“Que el Dios de la vida y dador de vida te cubra con su alegría y con su paz”✍

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