“Serán como ángeles” (Mc 12,18-27)

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LA PALABRA DIARIA

Miércoles, IX Semana. Tiempo Ordinario

Feria o Memoria Libre: San Marcelino y San Pedro, Mártires

Color: VERDE o ROJO

2 de junio de 2021

Primera Lectura: Tb 3,1-11.16-17
Lectura del libro de Tobías

En aquellos días, Tobías se echó a llorar; rezaba entre sollozos y decía: «Señor, tú eres justo, y justas son tus sentencias; actúas siempre con misericordia, con lealtad y con justicia. Señor, acuérdate de mí; no me castigues por mis pecados, no tengas en cuenta mis culpas ni las de mis padres. Por desobedecer tus mandamientos nos entregaste al saqueo, al destierro y a la muerte; nos hiciste refrán y burla de las naciones donde nos dispersaste. Señor, tus sentencias son graves, pues no cumplimos tus mandamientos ni nos portamos lealmente contigo. Señor, haz de mí lo que quieras, hazme expirar en paz, que prefiero la muerte a la vida.»
Aquel mismo día, Sara, hija de Ragüel, vecino de Ragés, ciudad de Media, tuvo que soportar también los insultos de una criada de su padre; porque Sara se había casado siete veces, pero el demonio Asmodeo había ido matando a todos los maridos, apenas se acercaban a ella. Pues bien, Sara regañó a la criada con razón, pero esta replico así: «Que no veamos nunca sobre la tierra ni un hijo ni hija tuya, asesina de tus maridos. ¿Es que quieres matarme también a mí, lo mismo que mataste ya a siete hombres?»
Oyendo esto, Sara subió al piso de arriba de su casa y estuvo tres días y tres noches sin comer ni beber: lloraba y rezaba sin cesar, pidiéndole a Dios que la librase de semejante baldón. Por entonces llegaron las oraciones de los dos a la presencia gloriosa del Dios Altísimo y fue enviado el santo ángel Rafael a curarlos a los dos, que habían elevado sus oraciones a Dios al mismo tiempo.»
Extendió las manos hacia la ventana y rezó. En el mismo momento, el Dios de la gloria escuchó la oración de los dos, y envió a Rafael para curarlos.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 24, 2-3.4-5ab.6-7bc.8-9
R/. A ti, Señor, levanto mi alma

Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado, que no triunfen de mí mis enemigos; pues los que esperan en ti no quedan defraudados,
mientras que el fracaso malogra a los traidores. R/.
Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.
Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor. R/.
El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. R/.

Evangelio: Mc 12,18-27
Lectura del santo evangelio según san Marcos

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, de los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: "Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero no hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano." Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último, murió la mujer. Cuando llegue la resurrección y vuelvan a la vida, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella.»
Jesús les respondió: «Están equivocados, porque no entienden la Escritura ni el poder de Dios. Cuando resuciten, ni los hombres ni las mujeres se casarán; serán como ángeles del cielo. Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no han leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: "Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob" No es Dios de muertos, sino de vivos. Están muy equivocados.»

Palabra del Señor


“Serán como ángeles” (Mc 12,18-27)

La ley del levirato (levir significa cuñado) establecía que la mujer que quedaba viuda sin haber concebido un hijo del marido fallecido debía casarse con un hermano de este que viviera bajo el mismo techo. El primer hijo que naciera fruto de esta nueva unión se consideraba legalmente hijo del fallecido, con calidad de heredero.
Era una de las normas del antiguo oriente de que nos habla, por ejemplo, Deuteronomio 25, 5-10 y en una etapa resultó necesaria en el contexto de la sociedad patriarcal como un mecanismo para conservar la unidad de las familias, la perpetuación del nombre del difunto, para que no se extinguiesen los apellidos ni se perdiera la heredad.
Pero he aquí que un grupo de saduceos se acerca a Jesús planteándole el hipotético caso de una mujer que queda viuda siete veces tras casarse igual número de veces con la misma cantidad de hermanos, todo ello encaminado a crear controversias para contradecir y desacreditar la resurrección, en la que no creían porque contemplaba un juicio de la vida terrena y ellos tendrían que dar cuenta de algunas cosas no muy convenientes.
“Están equivocados” advierte Jesús, y les imparte una catequesis sobre el poder de Dios, el valor del matrimonio y la vida escatológica, demostrándoles de paso que no conocen las escrituras porque no comprenden el poder de Dios, que es capaz de crear algo nuevo de lo viejo. Además, profundiza en la importancia del matrimonio, subrayando que “en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento porque serán como ángeles”.
Los saduceos solo admitían como Palabra de Dios, la Torá de Moisés, así que Jesús termina por callarlos recurriendo a citas de Moisés, como aquella de Éxodo: 3, 6 en el relato de la zarza ardiente. Un Dios que no hace lo imposible no es Dios y Él lo es de vivos no de muertos.
Nuestro mundo moderno experimenta como nunca un resurgimiento de filosofías y teologías que tergiversan y pervierten el mensaje de amor del evangelio. Debemos mantenernos en vela procurando que no resuciten en nosotros los conceptos saduceos que niegan la patria definitiva de amor junto al Padre.

(Guía Mensual)

“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén” ✍