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LA PALABRA DIARIA


Martes, XXXI Semana. Tiempo ordinario
Color: MORADO
2 de noviembre de 2021
Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos
Primera lectura: Lam 3,17-26
Lectura del libro de las Lamentaciones
Me han arrancado la paz, y ni me acuerdo de la dicha; me digo: «Se me acabaron las fuerzas y mi esperanza en el Señor.» Fíjate en mi aflicción y en mi amargura, en la hiel que me envenena; no hago más que pensar en ello y estoy abatido. Pero hay algo que traigo a la memoria y me da esperanza: que la misericordia del Señor no termina y no se acaba su compasión: antes bien, se renuevan cada mañana: ¡qué grande es tu fidelidad! El Señor es mi lote, me digo, y espero en él. El Señor es bueno para los que en él esperan y lo buscan; es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 129,1-2.3-4.5-6.7.8
R/. “Desde lo hondo a ti grito, Señor”
Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. R/.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón y así infundes respeto. R/.
Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. R/.
Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora; porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa. R/.
Y él redimirá a Israel de todos sus delitos. R/.
Segunda lectura: Rom 6,3-9
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
Hermanos: Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte.
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
Porque, si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya.
Comprendamos que nuestra vieja condición ha sido crucificada con Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores, y nosotros libres de la esclavitud al pecado; porque el que muere ha quedado absuelto del pecado.
Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él.
Palabra de Dios
Evangelio: Jn 14,1-6
Lectura de santo evangelio según san Juan
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Que no tiemble su corazón; crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿les habría dicho que voy a prepararles sitio? Cuando vaya y les prepare sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y adonde yo voy, ya saben el camino».
Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».
Palabra del Señor
“Que no tiemble su corazón; crean en Dios y crean también en mí” (Jn 14, 1-6)
La Iglesia celebra hoy la Conmemoración de los Fieles Difuntos. Las lecturas vienen a reflejar la realidad que muchos estamos viviendo en este momento de nuestras vidas. Con pandemia o sin ella.
“Me han arrancado la paz, y ni me acuerdo de la dicha; me digo: «Se me acabaron las fuerzas y mi esperanza en el Señor.» Fíjate en mi aflicción y en mi amargura, en la hiel que me envenena; no hago más que pensar en ello y estoy abatido” (Lam 3,17-20). El mismo salmo también es como un grito desesperado: “Desde lo hondo a ti grito, Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica”.
Cada uno de nosotros sabe por la situación que está atravesando y que lo lleva a clamar de esa manera. Puede ser la pérdida de un ser querido; un proceso de separación y divorcio; el abandono de mis seres queridos o a mis seres queridos; el haber descubierto una situación de infidelidad en el matrimonio; el estar pasando por una situación económica difícil; el diagnóstico de una letal enfermedad en mí o en uno de los míos; el haber sido injuriado o calumniado. En fin, situaciones por las que podamos estar atravesando y que nos mantienen deprimidos, sin ganas de seguir adelante.
Sin embargo, estas mismas lecturas, nos llenan de mucho consuelo… “Pero hay algo que traigo a mi memoria y me da esperanza: que la misericordia del Señor no termina y no se acaba su compasión” … Podemos decir: ¡Señor, que tu misericordia me alcance y me cubra tu compasión!
En el Evangelio de hoy, leemos cómo Jesús no ha ocultado a sus apóstoles nada de su pasión y muerte. Pero les pide que no se aflijan; les dice “que no tiemble su corazón; crean en Dios y crean también en mí”. Son palabras para restaurar la confianza en un Dios misericordioso. La confianza en el Señor nos devuelve la calma en medio de las mayores tribulaciones.
Jesús nos sabe acompañar y escuchar silenciosamente. Él sabe de corazones que no pueden encarar el dolor o sufrimiento ante la muerte. Por eso nos conforta con sus palabras… “Que no tiemble su corazón” …
Hoy es un buen día para recordar a nuestros seres queridos que ya han partido a la casa del Padre y orar por ellos. De seguro que experimentaremos tristeza al saber que ya no están con nosotros físicamente. Sin embargo, si de verdad somos cristianos, es también el momento para recuperarnos de ese dolor, y asumir las promesas de Jesús… “En la casa de mi padre, hay muchas estancias, si no fuera así, ¿Les habría dicho que voy a prepararles sitio? Cuándo vaya y les prepare sitio, volveré y los llevaré conmigo. Esas son verdaderamente… ¡palabras de vida y de la familia, como familia!
Si tus padres aún viven, hónralos en vida para que te alcance la misericordia del Padre. Si se te adelantaron al viaje eterno eleva una oración por ellos y recibirás consuelo.
(Guía mensual)
“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén” ✍

