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«Que la presencia de Cristo se manifieste en tu vida»

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«Que la presencia de Cristo se manifieste en tu vida»

LA PALABRA CADA DÍA

Feria después de la Epifanía

«Que la presencia de Cristo se manifieste en tu vida»

Miércoles, 7 de enero del 2026

Color: BLANCO

Primera lectura: 1Jn 3,22-4,6
Lectura de la Primera Carta de San Juan

Queridos hermanos: Cuanto pidamos lo recibimos de Dios, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.
Queridos: no se fíen de cualquier espíritu, sino examinen si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo. Podrán conocer en esto el espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios: es del Anticristo. El cual han oído que iba a venir; pues bien, ya está en el mundo. Ustedes, hijos míos, son de Dios y lo han vencido. Pues el que está en ustedes es más que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan según el mundo y el mundo los escucha. Nosotros somos de Dios. Quien conoce a Dios nos escucha, quien no es de Dios no nos escucha. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 2,7-8.10-11
R/. Te daré en herencia las naciones

Voy a proclamar el decreto del Señor. Él me ha dicho “Tu eres mi hijo: yo te he engendrado hoy. Pídemelo: te daré en herencia las naciones, en posesión, los confines de la tierra.» R/.
Y ahora, reyes, sean sensatos; escarmienten, los que rigen la tierra: sirvan al Señor con temor, ríndanle homenaje temblando. R/.

Evangelio: Mt 4,12-17.23-25
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, al enterarse Jesús que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».
Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Conviértanse, porque está cerca el Reino de los Cielos». Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo. Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curaba. Y le seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.

Palabra del Señor


«Que la presencia de Cristo se manifieste en tu vida»

Jesús, al comenzar su ministerio en Galilea, lleva luz a quienes viven en tierra de sombras. La gente reconocía en Él una esperanza tangible, porque no sólo predicaba, sino que sanaba heridas y acompañaba el dolor de cada persona. Así, la presencia de Cristo se convierte en una verdadera manifestación de Dios que transforma la vida y enciende caminos nuevos donde antes sólo había oscuridad.
Muchos se acercaban a Jesús porque descubrían que, lejos de la condena, en su mirada y en sus gestos podían encontrar una oportunidad de cambio y consuelo. Allí donde Jesús pasaba, surgía la posibilidad de comenzar de nuevo, abrirse a la bondad e iniciar el camino hacia el Reino. Esa luz mantiene su fuerza hoy, invitando a cada uno a dejarse tocar por la presencia del Señor y dar testimonio concreto de fe y caridad en el entorno cotidiano.
La carta de San Juan nos recuerda que este encuentro con Jesús debe transformarse en vida y obras. No basta con palabras bonitas; se trata de amar con hechos y vivir la fe, impulsados por el Espíritu Santo recibido en el bautismo. El verdadero discípulo guarda los mandamientos, permanece en Dios y discierne con sabiduría interior para no dejarse confundir por ideas pasajeras. El Espíritu que hemos recibido nos da la fuerza para superar el mal y escoger siempre la verdad, aunque el mundo siga otro rumbo.
El salmo nos invita a reconocer la dignidad de ser hijos de Dios y a servirle con alegría y respeto. Toda nuestra vida se convierte en ofrenda cuando buscamos que Dios sea el centro, cuando la oración y el servicio forman parte de la jornada y cuando, como familia de creyentes, nos apoyamos en la fe y la esperanza. María, modelo para el bautizado, aparece siempre como alguien que escucha, discierne y responde con generosidad a la acción de Dios.
En este camino, Bautismo y sinodalidad, camino de santidad, significa decidir juntos cómo seguir tras la luz de Cristo, discerniendo en comunidad, alentando al hermano, ofreciendo cercanía y apoyo real. El Espíritu Santo vendrá sobre ti, no solo como consuelo, sino también como fuerza renovadora que impulsa a amar, servir y transformar tu entorno en lugar de encuentro con Dios.
Que la presencia de Cristo se manifieste en tu vida, y tu testimonio ayude a iluminar a otros que aún buscan. Cuando cada bautizado vive la fe sencilla y práctica, la Iglesia se convierte en luz para la nación y tierra fértil para la esperanza y el amor sin límites.

(Guía Litúrgica)

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍