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LA PALABRA CADA DÍA
Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos
Dios en su infinita misericordia quiere habitar en nosotros
Domingo, 9 de noviembre del 2025
Color: BLANCO
Primera lectura: Ez 3,17-26
Lectura de la Profecía de Ezequiel
En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo. Del zaguán del templo manaba agua hacia levante –el templo miraba a levante–. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar. Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho.
Me dijo: «Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente. A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales».
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 83,3.4.5-6.12
R/. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo. R/.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa; la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío. R/.
Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre. Dichosos los que encuentran en ti su fuerza al preparar su peregrinación. R/.
Porque el Señor es sol y escudo, él da la gracia y la gloria; el Señor no niega sus bienes a los de conducta intachable. R/.
Segunda Lectura: 1Cor 3,9c-11.16-17
Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios
Hermanos: Son edificio de Dios. Conforme al don que Dios me ha dado, yo, como hábil arquitecto, coloqué el cimiento, otro levanta el edificio. Mire cada uno cómo construye. Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo. ¿No saben que son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo es ustedes.
Palabra de Dios
Evangelio: Jn 2,13-22
Lectura del Santo Evangelio según San Juan 2,13-22
Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quiten esto de aquí; no conviertan en un mercado la casa de mi Padre».
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.» Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó: «Destruyan este templo, y en tres días lo levantaré».
Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?».
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Palabra del Señor
Dios en su infinita misericordia quiere habitar en nosotros
Hoy estamos celebrando la Dedicación de la Basílica de Letrán. La Dedicación es el nombre que se le da a una hermosa celebración con la que se consagra un templo para Dios y para la comunidad eclesial. Es decir, se dedica, se entrega a Dios ese templo y el Señor toma posesión de ese lugar como casa suya y de su Iglesia. Cada Parroquia y cada Diócesis celebra cada año el recuerdo de esa dedicación al Señor.
Dios en su infinita misericordia quiere habitar en nosotros y quiere que otros lo conozcan porque lo vean en nosotros. “¿No saben que son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?” este es una verdad que pocas veces hacemos consciencia de ella. Muchas veces nos dejamos influenciar por el mundo y sus apetencias y descuidemos nuestro cuerpo, así como los comerciantes y cambistas en la era de Jesús usaban el templo para sus negocios y no para adorar a Dios.
Descuidamos su templo cuando abrimos nuestro corazón al pecado de la ira y la convertimos en golpes y abusos o cuando abrimos nuestro corazón a la lujuria y actuamos en consecuencia o cuando abrimos nuestro corazón a la pereza y no actuamos a favor del necesitado o cuando sólo cuidamos nuestro cuerpo por fuera con ejercicios, pero no cuidamos nuestro corazón de la vanidad, y así cada vez que le damos una habitación de nuestro templo al pecado, le vamos dejando menos espacio a Dios en nuestras vidas, impidiendo que pueda habitar en nosotros.
San Pablo nos recuerda que Jesús es el cimiento de nuestro templo y sólo sobre Él podemos reconstruir nuestras vidas. Revisemos qué habitación está ocupada por el pecado, qué área de nuestras vidas hemos dejado que la tristeza se apodere de ella o qué lugar de nuestro corazón no hemos dejado que Dios sane y así como hizo Jesús, tomemos un lazo espiritual y saquemos fuera eso que no viene de Dios, utilizando el lazo de la confesión, la comunión, la oración, el ayuno y Jesús mismo nos restablecerá, nos renovará, nos construirá de nuevo.
No importa cuán destruido crees estar. Dios quiere primero reconstruirte y segundo que de ti manen ríos que alimenten y den vida a otros. Dios quiere que seamos canales de su gracia y de amor para el prójimo, el cual es mi familiar, quien estudia conmigo o quien trabaja conmigo o quien pertenece a mi comunidad. O simplemente un necesitado desconocido.
Así como la Cruz de Cristo tiene un madero vertical y uno horizontal, así debe ser nuestra vida de Fe, vertical con Dios en adoración buscando ser llenados de su Espíritu Santo y horizontal con el prójimo para dar Espíritu Santo. Y lo más hermoso es que mientras más compartimos de su gracia a los demás, más se derrama su amor sobre nosotros. Si somos fuente de agua fresca para los demás, más llena Dios nuestras vidas. Que el permitir a Dios vivir en nuestros corazones sea el preámbulo de la vida eterna donde viviremos en la casa del Señor por días sin término.
(Guía Mensual)
“Que el Dios de la vida y dador de vida te cubra con su alegría y con su paz”✍



