“Pedro, Santiago y Juan escuchan la voz del cielo que atestigua y legitima la misión de Jesús y su filiación divina”.

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LA PALABRA CADA DÍA

Sábado, VI Semana. Tiempo Ordinario

“Pedro, Santiago y Juan escuchan la voz del cielo que atestigua y legitima la misión de Jesús y su filiación divina”

Color: VERDE

19 de febrero del 2022

Primera Lectura: Sant 3, 1-10
Lectura de la Carta del Apóstol Santiago

Hermanos Míos: Son demasiados los que pretenden ser maestros, y tienen por cierto que nuestra sentencia será más severa. Todos faltamos a menudo, y si hay uno que no falta en el hablar es un hombre perfecto, capaz de tener a raya a su persona entera. A los caballos les ponemos el bocado para que nos obedezcan, y así dirigimos a todo el animal; fíjense también en los barcos: por grandes que sean y por recio que sople el viento, se gobiernan con un timón pequeñísimo y siguen el rumbo que quiere el piloto. Eso pasa con la lengua: como miembro es pequeño, pero puede alardear de muchas hazañas.
Miren cómo una chispa de nada prende fuego a tanta madera. También la lengua es una chispa; entre los miembros del cuerpo, la lengua representa un mundo de iniquidad, contamina a la persona entera, pone al rojo el curso de la existencia, y sus llamas vienen del infierno. Toda especie de fieras y pájaros, de reptiles y bestias marinas, se pueden domar y han sido domadas por el hombre; la lengua, en cambio, ningún hombre es capaz de domarla: es dañina e inquieta, cargada de veneno mortal; con ella bendecimos al que es Señor y Padre; con ella maldecimos a los hombres, creados a semejanza de Dios; de la misma boca salen bendiciones y maldiciones. Eso no puede ser, hermanos míos.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial: 11, 2-3.4-5.7-8
R/. Tú nos guardarás, Señor

Sálvanos, Señor, que se acaban los buenos, que desaparece la lealtad entre los hombres: no hacen más que mentir a su prójimo, hablan con labios embusteros y con doblez de corazón. R/.
Extirpe el Señor los labios embusteros y la lengua fanfarrona de los que dicen: «La lengua es nuestra fuerza, nuestros labios nos defienden, ¿quién será nuestro amo?» R/.
Las palabras del Señor son palabras auténticas, como plata limpia de ganga, refinada siete veces. Tú nos guardarás, Señor, nos librarás para siempre de esa gente. R/.

Evangelio: Mc 9, 1-12
Lectura del Santo Evangelio según san Marcos

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Estaban asustados, y no sabía lo que decía.
Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo amado; escúchenlo.» De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.» Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».
Le preguntaron: «¿Por qué dicen los letrados que primero tiene que venir Elías?» Les contestó él: «Elías vendrá primero y lo restablecerá todo. Ahora, ¿por qué está escrito que el Hijo del hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado? Les digo que Elías ya ha venido, y han hecho con él lo que han querido, como estaba escrito».

Palabra del Señor


“Pedro, Santiago y Juan escuchan la voz del cielo que atestigua y legitima la misión de Jesús y su filiación divina”

La primera lectura nos plantea un peligro latente y patente en nuestras vidas: El no saber hacer uso correcto de la palabra. Hay que aprender a hablar y callar cuando es necesario. Con las palabras podemos ser capaces de construir grandes cosas, pero también somos capaces de destruirlas con la misma facilidad con la que la hemos construido. Las palabras sirven para bendecir, alabar, halagar, enamorar, honrar, reconocer, convencer, animar, etc.…, pero también sirven para maldecir, odiar, ofender, desmeritar, deshonrar, calumniar, desanimar, etc.…
Hay quienes dicen, con sus razones, que ‘las palabras duelen más que los golpes’, porque el golpe dado, al rato se puede olvidar, pero la palabra pronunciada con violencia resuena por mucho tiempo. Ciertamente debemos tener mucho cuidado y mucha vigilancia de las cosas que decimos, pues con nuestras palabras podemos hacer mucho bien y mucho daño. La prudencia y el comedimiento deben ser dos virtudes por las cuales se debe distinguir un cristiano. Dice el libro del Proverbio que “las palabras dulces son un panal de miel: endulzan el ánimo y dan nuevas fuerzas” (Prov 16,24). Hagamos caso del consejo que San Pablo da a la comunidad de Éfeso: “No salga de su boca ninguna palabra mala, sino solo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan” (Ef 4,29).
Finalmente, en el evangelio que hemos leído, Jesús se transfigura delante de los tres discípulos que Él escogió para hacerlos testigos de algunos acontecimientos puntuales. Jesús, les muestra momentáneamente su gloria y los hace capaces de ver la santidad que irradia. Pedro, Santiago y Juan escuchan la voz del cielo que atestigua y legitima la misión de Jesús y su filiación divina. A la vez, la voz del Padre, nos manda a escuchar a Jesús, porque “solo en él hay palabras de vida eterna” (cf. Jn 6,68). Pidámosle al Señor que nos otorgue el don del dominio de sí y que a la vez nos dé la gracia de escuchar todos los días sus palabras de vida.

(Guía Mensual)

“Que Dios llene de paz tu casa y te bendiga grandemente, Él que vive y ama por los siglos de los siglos. Amén” ✍